Señoras y señores, esta frase de uno de los técnicos más famosos, argentino, creador del Catenacho italiano, DT del Inter de Milán y del Barcelona, lo decía constantemente y sobre todo cuando se refería a cómo vivir el futbol con pasión, lo mejor es vivirlo con confianza.
Se puede ganar e incluso perder y ser feliz, se vale soñar siempre y cuando se juegue con inteligencia. Esto lo trabaja muy bien un hombre al que se le ha hecho muy poca justicia futbolística, Vicente del Bosque, DT de España, tal vez porque no se le ve semana a semana, sólo con el cuadro nacional y aunque ha ganado la Champions y la Liga con el Madrid, fue despedido en un pasillo del Santiago Bernabéu. Hoy es una de las figuras que le da ese tipo de confianza a su Selección.
Helenio Herrera comentaba que siendo DT del Inter sancionó a un jugador por haber dicho a un periódico "Vamos a jugar en Roma", en lugar de "Vamos a ganar en Roma". Hay que saber optar por una palabra, no es cuestión de filología, pero hay que saber distinguir entre salir a ganar y salir a jugar, por eso es grande la Selección española, porque sale a jugar y ganar, lo que hace la diferencia.
En la Euro pude ver a un equipo ibérico acostumbrado a la victoria que en la final dio una gran exhibición. La Roja derrotó a Italia que intentaba jugar fácil alrededor de Andrea Pirlo. Sin embargo, la UEFA sabiamente ha proclamado a Andrés Iniesta como el mejor de la Euro, un jugador con cifras impresionantes, incisivo, inteligente y desbordante.
En España hay líderes que ayudaron a formar el espíritu ganador que ahora tienen, en la portería Íker Casillas, en la defensa Sergio Ramos, en el medio campo Iniesta, Xavi, Alonso y Fábregas. Esa costumbre de jugar y ganar confirma a un equipo basado en sociedades.
Xavi e Iniesta, Ramos y Piqué, Silva y Fábregas, Alonso y Busquets producen un futbol que funciona como un reloj suizo.
Del Bosque se arriesgó con un planteamiento sin un 9 como tal, prefería alargar la forma del medio campo para darle más continuidad al juego, que con el tiempo consiguió exitosamente. Daba la impresión de que jugaba sin extremos, pero ahí estaban Jordi Alba, Iniesta y Silva que redondeaban los partidos.
La final fue un monumento al futbol, una oda a la pelota que tanto disfrutan los jugadores españoles. Ahí los jugones de España, los pequeños como se les conoce, aliados en el medio campo para hacer un gran futbol.
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