Nuestra realidad es compleja y para poder comprenderla es necesario un profundo análisis. En esta columna se intenta motivar a este análisis abordando aspectos fundamentales que como especie de capas envuelven esta realidad: la semana pasada se abordó la temática del cambio de época, hoy se afronta el aspecto de la globalización y el contexto sociocultural y económico dejando para otra ocasión, por cuestiones de espacio...
...el aspecto de la ilegalidad como cultura y la crisis de sentido que se está viviendo por falta de motivaciones profundas.
El proceso de globalización y la fuerza de los medios de comunicación están provocando sin duda cambios irreversibles en nuestra propia cultura. Nuestra realidad aparece también marcada fuertemente por la interdependencia, es decir, por una situación que une a los individuos y a los pueblos en un destino común de riqueza y pobreza no sólo en sentido económico, sino también social, político, cultural y religiosos. Hoy no podemos pensar en nuestra patria sin hace referencia al contexto internacional cercano y al marco general de relaciones en el que nos encontramos como país. Hay que decir que para nosotros es un gran reto el hecho de que en las expresiones literarias y de difusión masiva de la cultura, abunden elementos que se oponen a nuestros valores, a nuestra manera de concebir la vida, la sexualidad, la familia, la vida, la muerte...
El concepto de libertad tiene un papel clave en la dimensión actual de la globalización, entendida como emancipación y ruptura con los tabúes tradicionales: se aspira a ser parte de una sociedad sin fronteras y con grandes garantías para la libertad humana. Hoy este es el sueño, la utopía de la globalización: crear una sociedad sin fronteras, cero paradójicamente, vivimos la realidad triste de millones de indocumentados en tantas partes del mundo, incluyendo también nuestra patria, tratando de gozar de los beneficios de la globalización. México es un país conocido por ser expulsor de población y al mismo tiempo, por su ubicación, es un país de paso para muchos que buscan llegar al norte.
Es evidente que la globalización bien entendida no llega a todos. Hay zonas desconectadas de las redes de comunicación, de los destinos de las inversiones o de las reivindicaciones de los derechos humanos. Basta salir un poco del centro de la ciudad para captar desgarradoramente esta realidad. Un ejemplo, que no es ni el único ni el peor, es el poblado de Vallecillos, municipio de Lerdo, camino a las grutas del Rosario que, a muy pocos kilómetros de nosotros, revela dramáticamente una exclusión de los beneficios de la globalización. Tenemos niveles de marginación y miseria comparables a las peores poblaciones del mundo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) afirma que la desigualdad social en México es la segunda más alta de las 30 economías que integran el organismo internacional, sólo detrás de la observada en Chile. el CONEVAL fue más allá al presentar su índice de pobreza municipal, donde reflejó que en 1,003 de los más de 2,400 ayuntamientos que existen en México, 75% o más de su población vive en pobreza. La globalización no está repartiendo sus "beneficios" por todo el mundo. El desafío consiste en asegurar una Globalización en la Solidaridad sin dejar a nadie al margen. He aquí un evidente deber de justicia. Pero con la rapidez de los acontecimientos y de los cambios, la globalización se está haciendo en general sin las adaptaciones y diálogos necesarios para que el resultado sea humanizador para los países y los hombres.
El contexto sociocultural y económico, entendido como ese complejo conjunto de ideas, creencias, costumbres, estilos de vida y modos de pensar y de actuar que van configurando al hombre como miembro de una sociedad. Advertimos en nuestros barrios un fenómeno complejo que afecta a todos los ámbitos de la vida humana y que ha cambiado profundamente el rostro de la sociedad contemporánea: el Secularismo. En relación con el hecho religioso, determina la pérdida de influjo de la Iglesia en el papel público, la fuerte tendencia a la privatización de la fe, la ignorancia cristiana y la indiferencia religiosa. Abre al mismo tiempo el secularismo, caminos al ateísmo práctico. Se ha ido pasando en forma lenta, de un clima de increencia a un clima de indiferencia religiosa. Esta actitud está mezclada con restos de experiencias religiosas o fragmentos de verdades. Esto se puede ver gráficamente en el mercado de Torreón con la oferta variada y caótica de elementos supersticiosos, mágicos, religiosos y esotéricos.
Nos damos cuenta de que los ambientes tradicionales (familia, escuela, parroquia) han perdido fuerza en la transmisión de valores humanos y cristianos. La cultura se aleja consciente y decididamente de la fe cristiana y camina hacia un humanismo sin Dios. La cultura presenta un rostro radicalmente arreligiosos, en ocasiones anticristiano y con manifestaciones pública en contra de la religión. Dios es apartado de la vida diaria, mientras los más diversos ídolos se adueñan de ella. Nueva mentalidad y estilo de vida están determinados por una triple lógica: el dinero, el éxito y la competitividad. Las consecuencias son silenciosas pero graves: por una parte la pobreza se enquista en la desigualdad y en la injusticia, y por otra parte, el deseo y búsqueda del placer se ahogan en el individualismo y en la insolidaridad. Hay que resaltar también el fenómeno de los nuevos modelos familiares (parejas de hecho, familias desestructuradas, monoparentales, divorciados).
Hay también grupos de creyentes en los que la fe es una experiencia más personalizada, es algo por lo que se ha optado desde la adhesión personal a "Alguien" y no a una tradición. Generalmente toman conciencia de importancia de su testimonio. Se sienten responsables y miembros de la Iglesia, pero a veces encuentran dificultades para implicarse en las actividades y programas. A ellos se les convoca a enfrentar esta realidad desde la misión organizada y planeada prospectivamente dentro de la nueva diócesis de Gómez Palacio, para ser protagonistas de un mundo más humano, plenamente humano en medio de un mundo que nos desafía.