‘Que nos bendiga a la Fiera’
Por: Silvia Paulina Palacios, Karla Ruiz, José Trinidad Méndez, Sofía Negrete y Vania Jaramillo.
Primero viene el Papa antes que ascienda el León”, es la frase empleada desde hace años por miles de leoneses desesperanzados por los malos resultados de los Esmeraldas en el futbol de la Primera “A”.
Pero ahora que el Santo Padre está en la ciudad zapatera la situación pudiera cambiar, según los aficionados que anhelan que “la Fiera” suba, y quienes piden a Benedicto XVI una bendición especial para el que el equipo de sus amores rompa la mala racha.
“Necesita (el equipo) que le echen una ayudadita y pues ojalá ya con la bendición que trae a León el Papa ascienda porque en verdad lo ansiamos”, dijo María del Carmen Arenas Cedillo.
Hay quienes esperan que la máxima autoridad católica le eche una ayudadita al equipo para asegurar el pase a la primera división y dicen con una bendición bastaría.
“Es otra cosa pero si nos echa una manita no estaría mal”, comentó Alfredo León.
“El equipo ha estado haciendo su parte y una ayudadita beneficia algo; vi el partido contra Correcaminos y tiene buenos jugadores esperemos no se desinfle al final. Sí son cuestiones diferentes aunque puede que sí ayude un poco que le echen la bendición”, aceptó Isidro Soto.
“Las cosas se están dando, es la mejor temporada, la venida del Papa, yo sí tengo mucha confianza en que esta es la buena”, señaló Tomás Jiménez.
“Claro que va a subir, porque con la visita del Papa, todo va a estar bienP, dijo Saúl López.
“Ya tenemos la bendición del Papa, ahora sólo le toca al equipo ser campeón”, apuntó Marcos Sierra.
“Yo pienso que este año sí subimos, Dios nos está acomodando las cosas para que así sea y ojalá que el paso del equipo siga como va”, apuntó Martín Jiménez.
“La religión y el deporte no se mezclan, yo creo que es una forma en la que los aficionados al futbol se quieren sentir parte de este acontecimiento”, añadió León Parra.
Supera remordimientos
Siete horas de viaje más de 24 horas de espera y sufrir remordimientos de conciencia, tuvo que pasar Rita Elba Herrera Pérez, originaria de Saltillo, Coahuila, para ver al Papa Benedicto XVI.
Vino a León acompañada por una hija y acudió sola a la valla, pero al verse rodeada por decenas de jóvenes del barrio de El Coecillo se olvidó de su soledad y gritó hasta quedarse afónica; ocupó la primera fila en el bulevar Adolfo López Mateos casi esquina con Hilario Medina.
Ya estando allí los remordimientos que sintió el viernes por no llegar a tiempo al recorrido papal desaparecieron.
Rita tiene 67 años y es enfermera, mamá de tres hijos, abuela, bisabuela y en unos días van a operar a su esposo de los ojos; pero todo lo dejó atrás sólo para estar cerca de Su Santidad.
“Es algo tan grande, es algo que no te puedo explicar, algo tan bonito, son unos segundos pero para mí son suficientes; es enorme lo que siento en mi corazón, es tanta emoción que uno quiere llorar de alegría”, dice emocionada luego de ver pasar el Papamóvil.
Portando una playera con la imagen del Vicario de Cristo, no deja de agitar sus aplaudidores pese a que el contingente papal tiene rato de haberse alejado.
“Valió la pena venir hasta acá, esto no lo cambio por nada, ya conocí a Juan Pablo II en Monterrey y ahora a Benedicto, nunca lo voy a olvidar”, dice mientras sus ojos brillan como dos estrellas de emoción luego de ver al Papa.
Al preguntarle, por que no pudo ver al Papa desde el primer día recordó, “llegué aquí el jueves, tuve que ir a Guadalajara y me regresé el viernes, cuando llegué a la valla para ver el recorrido del Papa ya había pasado, sentí tanto remordimiento por haberme ido, hoy (ayer) todo el día anduve viendo por donde iba a pasar”.
Dice que sus principales oraciones son por Juan Pablo II, pero también pide a Dios por la salud de Benedicto XVI y en su estancia de León al ver al santo padre también pidió por su familia.
“Ahora me puedo ir tranquila, ya lo vi, ya me dio su bendición”, dice doña Rita mientras se baja del camellón y de la plantas donde se subió para ver al Papa.
Vigila con devoción
Mientras vigilaban la seguridad y algún posible altercado miembros de la Policía Municipal también se pararon de puntitas para alcanzar a ver a Su Santidad Benedicto XVI.
Y es que pese a sus jornadas laborales de más de 12 horas en las que están de pie y bajo el rayo del sol al tanto de la seguridad de ciudadanos y visitantes, no desaprovechan la oportunidad de vivir su fe como el resto de los fieles.
“Como católicos sí, el corazón siente pero debemos estar al cuidado de lo que pase y de los ciudadanos”, dijo el comandante Serranos.
“La verdad sí sentimos una gran emoción pero sobre todo responsabilidad; sí lo vi pero siempre al pendiente de todo”, agregó.
Implora un milagro para su hijo con cáncer
A sus 92 años, Rafaela Campos Santos llora al ver por segunda vez la figura del Papa Benedicto XVI pasar a escasos tres metros de la silla de ruedas en la que está sentada sobre el bulevar Adolfo López Mateos.
Emocionada dice que hoy estará nuevamente para presenciar por tercera vez al Sumo Pontífice, a quien ha pedido en sus oraciones que sané a su hijo Jorge Vázquez Campos, quien tiene 52 años y padece de cáncer en el estómago.
“Ayer que lo vi por primera vez no pude contener el llanto. Por la noche soñé que el Santo Padre me confesaba y me daba palabras de aliento. Yo le pedía que intercediera para que mi hijo sane”, comentó.
Rafaela vive en la colonia María Dolores, al sur de León, y desde la llegada del Sumo Pontífice le pidió a su hija Alejandra Vázquez Campos y a su esposo Juan Manuel que la llevaran en su silla de ruedas a verlo.
Con tres horas de anticipación se instaló en medio del camellón del López Mateos y no dejó de orar por el Santo Padre y la salud de su hijo.
“Quiero que me conceda el milagro de sanar a mi hijo”, insiste sollozando.
Alejandra y Juan Manuel lloran también al ver pasar por segunda vez al Santo Padre que desde la pequeña cabina del “Papamóvil” reparte bendiciones a los miles de leoneses que hacen valla a lo largo del bulevar.
“Esto es una bendición para todos los guanajuatenses, para los leoneses. Tenemos la fortuna de verlo por tres ocasiones consecutivas pasar a sólo unos metros. Para los que no tenemos la oportunidad de ir hasta El Vaticano, el verlo cerca de nosotros es una gran bendición, un gran regalo”, dice Alejandra mientras retira la silla de ruedas donde va su mamá.
Rafaela Campos, quien tiene gran lucidez, señala que nunca acabará de agradecer a Dios la fortuna de haberle permitido a sus 92 años haber visto al Vicario de Cristo.
“Le agradezco a Dios este gran regalo que nos concedió”, finalizó mientras limpia los cristales de sus lentes y se seca las lágrimas con una servilleta.
Inflaman seminaristas su fe
Miguel Sandoval forma parte del grupo de los 205 seminaristas que vienen del Seminario Diocesano de Guadalajara.
Llegaron apenas a las nueve de la mañana de ayer y estuvieron parados sobre la banqueta del Adolfo bulevar López Mateos, a unos cuantos pasos del Estadio León, durante más de ocho horas con tal de ver a su máximo líder espiritual en la Tierra.
Se perdieron el recorrido del viernes, pero ayer venían llenos de motivación y energía para recibir con porras al Santo Padre.
“Ver al Papa representa una motivación muy grande para nosotros, es un impulso para seguir con nuestra vocación, es seguir con el ejemplo de nuestra santidad, queremos que nos confirme en la fe de Dios”, compartió Miguel.
Hoy saldrán desde temprano hacia la Expo Bicentenario para participar en la misa multitudinaria y los nervios y las sonrisas se hacen presentes al saber que mañana podrán escuchar la palabra de Benedicto XVI.
“Nos unimos a la oración para pedir por la paz de nuestro país y de nuestra gente”, agregó David Mireles.
Vinieron en camión y se están hospedando en la Granja Rosita, ubicada frente al Seminario Conciliar Diocesano de León.
Vestidos con túnica negra y un listón azul ceñido a la cintura muestran su devoción colocados en diferentes puntos de la valla humana, siguiendo el coro de las porras que suenan por todo el bulevar y que se unen en una sola voz.
“Estamos en una ciudad hermosa, en donde nos han brindado la atención necesaria, desde que supimos que el Papa venía a México nos dimos cuenta de que no podíamos dejar pasar esta oportunidad”, agregó.
Inspiración, motivación y alegría son algunos de los sentimientos que sintieron estos jóvenes al ver a Benedicto XVI pasar a unos cuantos pasos de ellos.