¿Qué, qué dijo?
Cuando se habla de problemas de deficiencia auditiva, no todos se traducen en sordera. Muchas ocasiones una deficiencia auditiva, que no es detectada a tiempo, puede pasar con los años la factura de la pérdida total del sentido del oído. Por lo que siempre se recomienda realizar una audiometría, examen simple que tiene por objeto detectar las alteraciones en tan preciado sentido.
En su página electrónica la Organización Mundial de la Salud considera que existen más de 42 millones de personas en el mundo con problemas auditivos, por lo que la audiometría se ha convertido en un estudio que toma popularidad incluso en los consultorios pediátricos, ya que como la mayoría de las enfermedades, cuando es detectada a tiempo, se vuelve más sencilla de tratar.
Los problemas del oído no se relacionan únicamente con lo que se refiere a la percepción del sonido. El equilibrio motriz, la falta de atención, el desarrollo de lenguaje, e incluso la disminución de los reflejos, son consecuencias directas, por ejemplo de un niño que presente problemas auditivos. Una razón para que al momento del nacimiento, se realice un screening auditivo neonatal, examen que permite detectar, en los primeros momentos de vida, cualquier anomalía auditiva.
En una audiometría normal, para paciente de cualquier edad, se realizan dos mediciones, con la primera se logra detectar la capacidad auditiva a través del aire, a está se le llama audiometría por vía aérea, y la segunda es a través de los huesos de la cabeza, conocida como la vía ósea. En el estudio se realizan una serie de sonidos de mayor a menor volumen, y se pide al paciente hacer una señal cada vez que los oye.
El examen a través de la vía ósea se realiza de la misma manera, pero a diferencia de la vía aérea, en vez de presentar el sonido a través de un auricular, se hace a través de un vibrador que se ubica detrás de la oreja del paciente. Ambos exámenes tienen una duración no mayor a los veinte minutos.
¿Cómo se puede detectar una falla?
Los síntomas de la pérdida del oído son más sencillos de lo que se puede imaginar, por ejemplo en un adulto, la necesidad de subir el volumen de la música, la televisión, la necesidad de que le repitan una oración dos veces, o gritar para tratar de expresarse, son síntomas de alarma, al igual que la falta de concentración.
En los niños la falta de atención, un lenguaje limitado, el desdoren motriz y la falta de atención en la escuela, y la dificultad de poner atención en sus tareas diarias, se puede traducir como un problema de capacidad auditiva, por lo que se recomienda hacer uso de los servicios de otorrinolaringología.
Que se logra en una audiometría:
1. El estado de lo que se conoce como umbral auditivo, que básicamente es la intensidad mínima de sonido que es capaz de percibir la persona. Se conoce como audiometría tonal o audiometría tonal pura.
2. La capacidad de comprender la palabra, mediante la repetición de una lista de 20 palabras, expresada en porcentaje de aciertos a un volumen determinado. Esta es conocida como audiometría verbal y permite confirmar la indemnidad del sistema auditivo a nivel de oído y central.
Que es normal y que no
El resultado de una audiometría se considera normal cuando el resultado señala que las resonancias en las vías aérea y ósea están entre 0 y 20 decibeles. Otros resultados se pueden traducir como:
• Deficiencia auditiva leve. Umbral entre los 20 y los 40 decibeles. Son pacientes que presentan un tipo de dificultad para escuchar o entender lo que se les está hablando a cierta distancia o en ambientes con cierto nivel de ruido de fondo.
• Deficiencia auditiva moderada. Umbral entre los 40 y los 60 decibeles. En está resulta imposible para el paciente sostener una conversación normal si existe ruido de fondo, puede ser manifiesto cierto grado de aislamiento.
• Deficiencia auditiva severa. Umbral entre 60 y 80 decibeles. En este sector se ubican los pacientes que tienen dificultad para escuchar o entablar una conversación en cualquier tipo de situación, con o sin ruido.
• Deficiencia auditiva profunda. Umbral de más de 80 decibeles. Son personas que no logran obtener ningún tipo de sonido a su alrededor, aunque se les grite.