El recuento de votos le salió contraproducente a Andrés Manuel López Obrador. El resultado del cómputo distrital, aun después de haber abierto más del 54 por ciento de las urnas y vuelto a contar los votos, es fundamentalmente el mismo que arrojaron el PREP, los conteos rápidos y las encuestas de salida. Si acaso, la ventaja de Enrique Peña Nieto se ha ampliado ligeramente.
Enrique Peña Nieto ha obtenido en el cómputo distrital, que ha incluido el recuento de los votos en 54 por ciento de las urnas, 38.25 por ciento de la votación, contra 38.15 por ciento que tenía en el PREP. Andrés Manuel López Obrador recibió en el nuevo conteo 31.43 por ciento contra el 31.51 por ciento del PREP (con el 98.11 por ciento de las casillas computadas).
No es ésta la primera vez que algo así ocurre. En 2006 se abrieron y se contaron nuevamente las boletas de 2,800 paquetes electorales. Pero la ventaja que tenía Felipe Calderón sobre López Obrador aumentó en lugar de disminuir.
Y es que López Obrador se ha equivocado. El voto por voto no iba a ayudarle hoy, como tampoco lo hizo con esos 2,800 paquetes de 2006. Si hubo algún tipo de irregularidad en la elección de este 1º de julio ésta no tuvo lugar en las casillas electorales. Los más de un millón de ciudadanos que participaron en la elección como funcionarios de casilla, como representantes de los partidos o como observadores electorales hicieron bien su trabajo, sobre todo si consideramos la complejidad del sistema electoral mexicano.
En 2006 Andrés Manuel López Obrador exigió el recuento voto por voto, casilla por casilla, porque sabía que la ley lo prohibía. La idea era que el rechazo se convirtiera en un arma más para restar credibilidad al proceso electoral.
En 2012 la ley es mucho más flexible y por eso el IFE autorizó un recuento de 78 mil paquetes. Sin embargo, el sistema que establece que el conteo de los votos lo deben hacer los ciudadanos y no funcionarios del IFE o representantes de los partidos se desploma si se acepta un recuento de todos los sufragios. Por eso el PRD ha insistido en que se abran los 143 mil paquetes electorales.
De hecho, el PRI ha señalado que está dispuesto a un recuento del cien por ciento de los votos. Pero el PRD sabe que esto es algo que las autoridades electorales no pueden aceptar.
El argumento más sólido que sigue teniendo López Obrador para cuestionar la legitimidad de la elección es la compra de votos. Alianza Cívica sostiene que el otorgamiento de regalos o dinero a cambio de sufragios en estas elecciones fue peor que nunca. Mucha gente cuenta casos de compra. Y la ley es muy clara: está prohibido otorgar cualquier tipo de remuneración a cambio del voto. Si los recursos provienen del erario, la gravedad del delito es todavía peor.
Pero hay una razón muy importante que impide a López Obrador concentrar su esfuerzo postelectoral en la compra de votos. La ley prevé sanciones económicas por esta conducta, pero no la anulación de la elección. Y al candidato de la izquierda poco le importa cualquier sanción económica al PRI si no se le entrega la Presidencia de la República.
El recuento de 54 por ciento de los paquetes electorales debería ser más que suficiente para demostrar que no hubo irregularidades en el trabajo que los ciudadanos que trabajaron gratuitamente en las casillas hicieron este pasado 1º de julio. Pero esto obligará a López Obrador a buscar otras causales para la anulación. La simple compra de voto, por muy extensa que haya sido, no le da el deseado objetivo de la anulación.
MANCERA VS. AMLO
Hubo alguien que pudo derrotar a López Obrador en el Distrito Federal. Fue Miguel Ángel Mancera, que en la elección para jefe de gobierno registró 3 millones de votos contra 2.4 millones de Andrés Manuel. Seiscientos mil sufragios de diferencia son muchos en una elección de 4.5 millones de votantes. Es verdad que los dos fueron candidatos de la misma alianza, pero Mancera parecería ser la estrella ascendente de la izquierda.
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