Julian López 'El Juli', se alzó como máximo triunfador de la corrida del 66 Aniversario de la Plaza México, al salir en hombros por la puerta grande. (EFE)
Julián López "El Juli" es un torero de otro mundo, un fuera de serie. El madrileño -quien cortó cuatro orejas- hizo vibrar a la Plaza México en la tarde de su 66 Aniversario, un festejo en el que su toreo de poder mantuvo a la afición con el alma en vilo. José María Manzanares y José Mauricio también fueron triunfadores con un apéndice, cada uno. Diego Silveti los dejó escapar por sus fallos con la espada ante una corrida de Xajay bien presentada pero complicada.
Lució el madrileño en el toreo de capa ante un astado que rebrincaba y punteaba el engaño. "El Juli" impuso condiciones, le enseñó al de Xajay que era él quien mandaba en el ruedo. No obstante las condiciones, embarcó a su enemigo en tandas meritorias, atemperando las descompuestas embestidas; el recorrido del astado, cada vez más corto, obligó al ibérico a situarse entre los pitones, donde hizo gala de valor y aguante hasta erizar la piel de los aficionados, pues recibió varios avisos de que podía venir el percance. Mandaba el madrileño, estructuró otro par de tandas por pitón derecho y se dio el lujo de pegar un par de dosantinas, entonces, el toro no lo perdonó y se lo echó a los lomos, ya en la arena lo embistió en un par de ocasiones con violencia. "El Juli" se levantó con la taleguilla deshecha, pidió a su cuadrilla que le quitaran la casaquilla y volvió a la cara a recordarle a su enemigo, en otro par de tandas, quién mandaba. Mató de una certera estocada y paseó las dos primeras orejas.
Los trofeos ya ganados no fueron suficientes para Julián. El segundo de su lote fue tan complicado como el que abrió el festejo, pero la figura del toreo seguía dispuesta a hacer los honores a la Plaza México que cumplía 66 años. Emocionó con la capa, especialmente en la ejecución de las zapopinas; le brindó a Diego Silveti y dictó una nueva cátedra de toreo poderoso, trazó otra faena de aguante supremo, esencialmente derechista, en la que hiló trazos largos, lentos, templados. Infalible con el acero, obtuvo otros dos apéndices y dejó claro quién manda hoy por hoy en el toreo. Salió a hombros en medio del estado de locura que provocó entre los aficionados.
El alicantino Manzanares reaparecía en La México, tras superar temas de salud y cumplió con cualquier expectativa. Patentó la clase de su capote y toreó por ambos pitones a un ejemplar incierto, se ajustó, templó al de Xajay, le dibujó muletazos en redondo, de mérito. El astado terminó aquerenciado en tablas, rajado y distraído, ahí fue José María a torearlo. Fue un espectáculo verlo matar, pues lo hizo recibiendo, ofició con el descabello y obtuvo un apéndice.