'La obligación del maestro siempre ¡siempre! es estar al frente de su grupo'. Ana María Ferniza A., maestra
No tenían más de 15 años cuando ingresaron a la Escuela Normal Superior del Estado, en Saltillo, Coahuila.
Por primera vez se separaban de sus familiares que habían dejado en San Pedro.
Las seis amigas iban cargadas de ilusiones cuando entraron al internado. Querían ser maestras.
De mentes vivaces, al recordarlo sonríen mirándose entre sí con un halo de complicidad, como las chiquillas que un día fueron.
Eran los años sesenta, las mujeres tenían pocas oportunidades de desarrollarse en alguna profesión y la de maestra era bien vista y respetada por la sociedad.
Entre los 18 y 19 años de edad todas habían egresado y daban clases por la mañana y por la tarde a un mismo grupo, eran de tiempo completo.
Nunca propinaron un "reglazo" en la mano de sus alumnos ni buscaron el cobijo de un Sindicato para no cumplir con su función.
OBLIGACIÓN DEL MAESTRO
"Éramos muy jóvenes, llevábamos nuestro veliz de lámina y nuestra juventud", comenta la maestra Ana María Ferniza Arellano, quien tiene una trayectoria de 45 años.
Una vez recibida Ana María soportó condiciones extremas y su primer trabajo fue como maestra del poblado de Magistral, en el municipio de El Oro, Durango.
Camino a su destino, durmió una noche en un hotel de paso del poblado de Santa María. "¡Ay Dios!, pues yo veía que entraban ahí muchas señoras muy contentas", dice entre risas.
Tenía 19 años y en un poblado enclavado en la sierra, cerca de la comunidad de Tarahumaras y rodeada de animales salvajes se dio cuenta que había elegido una labor multifuncional para la época pues las maestras servían para la comunidad como enfermeras, autoridades, madrinas, "¡y hasta parteras!".
Sin embargo, la muerte de su madre la hizo encargarse de 3 hermanos como si fueran sus hijos por lo que combinaba las labores del hogar con su profesión. Tras regresar a San Pedro fundó una Secundaria nocturna y una Normal. Trabajó para el Estado y también en escuelas privadas como el colegio Alemán, 21 de Marzo y Luis de Montesquieu.
Con toda su experiencia Ana María no se explica cómo es que actualmente pasan hechos difundidos ya en redes sociales como la violación a una alumna en el salón.
"Cuando veo agresiones entre los alumnos dentro del salón de clases y situaciones como ésta, pienso: ¿y en dónde estaba el maestro?, la obligación del maestro siempre ¡siempre! es estar al frente de su grupo", acota Ana María.
EL COMPROMISO
Para las hermanas Romelia y Cecilia Vega Mireles, ser maestras les abrió un panorama en ocasiones doloroso, que les hizo ser más tolerantes y aprender que hay quienes se esfuerzan mucho más en las aulas por situaciones que no están en sus manos.
Luciana era una niña que había nacido sin la mano derecha que se convirtió en un reto para la maestra Romelia.
"Yo daba clases de tejido a los alumnos como parte de las actividades que les poníamos en clase y desde que Luciana, una alumna que yo tenía, estaba muy chiquita me preguntaba si de llegar a cuarto grado la enseñaría a tejer… yo le respondía que sí, pero honestamente dudaba si su condición se lo permitiría".
El tiempo pasó, Luciana entró al cuarto grado y la maestra Romelia, quien tejía con gancho, puso empeño en que la niña aprendiera.
"Mi sorpresa fue que lo hizo, y un día, ya de grande, me la encontré en una calle de San Pedro y me reconoció inmediatamente. Dijo que se ganaba la vida haciendo tejidos y manteles para vender", dice la profesora, quien perteneció al Club Sertoma, al Patronato de Cruz Roja y se ha desempeñado como asesora pedagógica de maestros por 10 años.
En total, ya con 32 años de trayectoria, la maestra Romelia detecta en la labor actual de los maestros la necesidad de que ellos mismos se comprometan con su trabajo.
"Ahorita vemos que el ciclo escolar se va en puentes y más puentes, es necesario que aumenten su compromiso, que demuestren tener vocación por la enseñanza", acotó Romelia.
Su hermana, también maestra, Cecilia Vega, ejerció la profesión sólo 7 años hasta que se casó, luego se apasionó por el arte.
De su época de maestra recuerda a un alumno que acudía siempre desaseado a clases y sin zapatos.
Habló con su madre, quien le dio la razón explicándole sin tapujos que trabajaba de noche en lugares de dudosa reputación, por lo que no podía levantarse temprano y atender a su hijo.
"Aprendes a ser tolerante y a no juzgar, porque además después de hablar con ella esa señora hizo el compromiso de levantarse temprano, atender y arreglar al niño para la escuela… y así lo hizo", recuerda Cecilia.
Esta y otras experiencias le hicieron desarrollar una sensibilidad propia de los artistas. Ahora pinta al óleo.
Para la maestra Cecilia, quien piense dedicarse a la enseñanza debe hacerlo de corazón, hacer el bien y ser humilde. "Mi papá un día me preguntó, hija ¿tú eres maestra, 'maistra', o maestrilla?, y yo le respondí que yo era profesora y que maestro sólo Jesús".
LAS CARENCIAS
El primer trabajo de la maestra María de la Luz Pérez fue en la escuela Vicente Guerrero, alejada de San Pedro, donde había muchas carencias.
Faltaban servicios básicos como el agua y sanitarios.
Tenía grupos de 90 alumnos y varios de ellos se sentaban en el piso.
"Le echaba las ganas del mundo y era muy difícil porque no eran propiamente salones sino galeras, para mantener el interés contábamos cuentos y como los niños eran muy pobrecitos hasta de nuestro sueldo andábamos comprándoles libretas, a veces grapábamos 4 o 5 hojas para que ese día el alumno pudiera trabajar. Mi gran satisfacción es que todos aprendían a leer y escribir".
De sus alumnos la mayoría acudía a clases en ayunas, muchos eran muy traviesos y vestían harapos.
"Se te partía el corazón de ver que no tenían qué ponerse, una vez hubo una nevada, y poníamos un brasero donde por error le chamusqué a una niña sus zapatos porque los traía húmedos con la nieve y ella lloraba porque eran los únicos que tenía… claro que se los compré".
Tras 28 años de trayectoria aprendió que cuando algún alumno resulta ser demasiado travieso o problemático es porque en su hogar algo no marcha bien.
"Si el alumno se comporta mal es porque algo trae y lo trae desde casa por eso los maestros tenemos el deber de sacarlos adelante, tenemos un reto y no verlos también como un problema del que hay qué deshacerse".
NO EXIGIR LO QUE NO DAS La maestra Cecilia Gallegos Corona trabajó primero en el municipio de Concepción del Oro, Zacatecas, luego en Viesca, Coahuila.
"Fue cuando murió Kennedy, tenía alumnos mayores que yo, de hecho hace 10 años me topé a un hombre de edad avanzada y me dijo que yo había sido su maestra".
Como maestra hacía las veces de profesora de declamación, baile o pintura, según fuera necesario pues los recursos eran limitados.
"Yo nunca exigí nada que yo no pudiera hacer, si pedía puntualidad era porque yo llegaba temprano", dice.
Esta maestra ocupó 5 secretarías del Sindicato de Maestros Sección 38, fue Oficial Mayor de la Presidencia de San Pedro, y presidenta nacional del Club de Damas Sertoma además de recibir varias medallas y reconocimientos.
"Ningún puesto lo busqué, todos me los ofrecieron. La verdad en todos los aspectos de mi vida he sido muy feliz".
Tras 28 años de servicio en las aulas considera que las nuevas generaciones de profesores deben comprometerse más con sus alumnos.
"No puedo hablar en general, pero lamentablemente veo que falta mucha responsabilidad de su parte, los muchachos, sus alumnos, les valen a muchos maestros y eso no debe ser porque su material es humano", dijo.
SER PROFESIONALES A la maestra Oralia Esparza Rodríguez, no la convencía al principio esta carrera porque temía por su futuro.
Venía de un seno familiar de escasos recursos económicos, y vivía en un ejido.
"Tenía miedo a la miseria, no quería eso para mí y por eso mi primera opción era ser azafata, pero mi papá, que era un campesino de sabiduría extrema, me dijo 'ah, entonces vas a vender semillas al avión", recuerda.
Fue durante una visita a una prima cuando ésta la convenció de que podía tener grandes satisfacciones como fruto de esta profesión que se convirtió en su vida.
"Mi vocación se dio en el camino", dice Oralia, quien ha impartido clases a alumnos de todos los niveles, es reconocida catedrática de la Universidad Iberoamericana y ha viajado por el mundo en busca de una mayor profesionalización. Actualmente cuenta con Maestría en Educación y en Letras.
"Los maestros deben estar preparados para llevarse sorpresas a la hora de enseñar... tuve un alumno que me dijo una vez que le pusiera 10 de calificación y me llevaba en el avión de su papá a almorzar a Laredo… le contesté muy feo", recuerda Oralia.
Para esta maestra, quien además es apasionada de la Filosofía, en el presente los maestros están desmotivados.
"Pienso que hay desmotivación porque no hay responsabilidad del Gobierno y por la manipulación de una líder que usa al Sindicato de maestros para ganar posiciones, es cierto que los maestros tenemos beneficios, pero a gran escala son migajas para lo que quienes están al mando a nivel federal obtienen de nosotros, de cualquier modo... pienso que quien quiera ser maestro debe saber que será estudiante siempre porque tiene una responsabilidad ante su grupo", acotó Oralia, quien tiene una trayectoria de más de 43 años.