¡Tengo Cólico!
Los cólicos se definen como una crisis o trastorno de dolor abdominal agudo típico de los primeros meses de vida del bebé, el cual se caracteriza por un llanto intenso y prolongado sin causa aparente.
Existen diferentes tipos de cólicos y los más comunes son: el biliar, nefrítico, menstrual y el del lactante.
Los cólicos del lactante se caracterizan por un llanto excesivo y repentino, no tienen causas identificables y se producen entre la segunda semana de nacido y los cuatro meses de edad.
Según los especialistas, los cólicos suelen acompañares de distensión abdominal, encogimiento de piernas, enrojecimiento facial, palidez alrededor de la boca, pies fríos y puño cerrados. El llanto es diferente al de cuando tiene hambre o al de sentirse solo.
Los cólicos en los bebés pueden producirse por problemas gastrointestinales como, gas intestinal excesivo o hipersensibilidad a algunos componentes de la dieta, entre otras causas.Algo característico de estos cólicos es que se presentan poco después de la alimentación (al darle pecho o el biberón), con un llanto brusco y rabioso como de dolor, y muchas veces se puede escuchar el sonido del intestino acompañado de la eliminación de gases, con lo que generalmente termina el dolor.
Dicho padecimiento es relativamente frecuente, y según algunos estudios entre el 10 y el 20 por ciento de los recién nacidos con salud normal lo llegan a padecer.
A pesar de que los niños con cólicos parecerían estar sufriendo, la realidad es que los mismos no les causan ninguna clase de dolor, por su puesto esto no debería dejar de ser una señal de alarma para los padres.
Cuando un bebé presenta cólicos, se recomienda acunar al bebé en los brazos, mecerlo para calmar su llanto, colocarlo en posición vertical para ayudar al movimiento de los gases y disminuir la acidez, además de que lo auxiliará a expulsar los gases que le están molestando.
Otro de los consejos es darle masaje en el abdomen, dicho masaje se realiza presionando con movimientos circulares y en sentido de las agujas del reloj. El masaje en la espalda también es recomendable, así como colocar una toalla templada-caliente en su abdomen. Los baños con agua templada pueden resultar muy relajantes.
Es común que algunos padres recurran a la automedicación para aliviar el cólico del bebé, esto es incorrecto, si bien algunos medicamentos y remedios caseros ayudan, es preferible que acudan al médico- pediatra para que los oriente.
Los médicos aconsejan evitar alimentar al bebé acostado, preferentemente debe estar semisentado cuando se le de el pecho o el biberón. El biberón debe estar elevado y no debe tener un orificio muy grande o el bebé tragará aire.
Luego de cada toma de alimento (pecho o biberón) hay que sacarle los gases antes de acostarlo, esto se hace dándole pequeñas palmaditas en la espalda hasta hacerlo eructar, de no hacerlo se corre el riesgo de que el bebé devuelva la leche después de haber comido, lo que puede convertirse en vómito y el pequeño puede corre riesgo de bronco aspirar.
Los médicos refieren que sin duda el mejor alimento para el bebé es la leche materna, sin embargo, la realidad indica que en ocasiones esto no es posible por diferentes razones. Por ello es importante conocer las distintas fórmulas infantiles, cómo se clasifican y cuáles son sus características.
La leche materna es el alimento perfecto porque favorece la maduración intestinal, lo protege de infecciones y promueve un vínculo afectivo entre la madre y el bebé. Sin embargo, hay circunstancias por las que la lactancia materna no puede mantenerse durante el primer año de vida, es por eso que las fórmulas para lactantes son la opción ideal para alimentarlo.
La mayoría de las fórmulas están elaboradas a partir de leche de vaca, algunas han sido modificadas para que su contenido de nutrimientos sea el más parecido a la leche materna y para que sus proteínas y grasas sean más fáciles de digerir.
Si un lactante se alimentara con leche de vaca, no recibiría el equilibrio exacto de nutrimentos que requiere.
La leche de vaca aportaría por ejemplo, cantidades elevadas de proteínas y algunos electrolitos, que serían difíciles de manejar por los riñones del bebé. Y por el contrario, la cantidad de hierro que contiene la leche de vaca sería insuficiente.