El resplandor, 1980.
Un aspecto atribulado y astuto, gestualidad obscena y delirantes muecas cargadas de malicia, dan forma a un sello distintivo. Su arte interpretativo de acento en lo visceral y la peculiar manera en que se conduce por la vida, han moldeado la leyenda de uno de los personajes más conspicuos del cine norteamericano: Jack Nicholson.
América no puede resistirse al misterio, a la amenaza insinuada y, por supuesto, a la sonrisa asesina.
George W. Bush, sobre Jack Nicholson
El halo de enigma y misterio que lo envuelve surgió desde la cuna. Hay quienes aseguran que nació en Manhattan, otros, que en Nueva Jersey (¿Ventura? ¿Neptune?). Sea como sea, John Joseph Nicholson (1937), tipo atormentado por su conflictivo árbol genealógico, forjó su temperamento y destino en el fuego, a veces amargo, de la cultura del esfuerzo. Chico de infancia difícil y de aficiones solitarias, terminó la preparatoria en la Manasquan High School de Nueva Jersey y después se marchó a Hollywood a dar forma a su sueño.
Consiguió empleo en la mítica Metro Goldwin Meyer como asistente o mandadero en la sección de dibujos animados. En esa época estudió arte dramático en el Players Ring Theatre y pudo hilvanar pequeños papeles en teatro, además de breves apariciones en melodramas televisivos. Fue en ese tiempo que conoció al productor y director de culto Roger Corman, suceso que sería determinante en su carrera. Obtuvo breves participaciones y cobró cierta notoriedad en el mundillo de la serie B por La tiendita de los horrores (Little Shop of Horrors, Roger Corman, 1960) y El terror (The Terror, Corman, Francis Ford Coppola, Jack Hill, Monte Hellman, 1963).
Sería su rol como George Hanson, un abogado alcohólico confinado en una prisión federal, en Busco mi destino (Easy Rider, Dennis Hopper, 1969), el que le catapultó al reconocimiento popular. Además la banda sonora con temas de Jimi Hendrix, Steppenwolf, The Band, Byrds y otros, resultó todo un suceso, muy en sintonía con el ánimo de la película y el espíritu de los tiempos.
Durante los setenta Nicholson seguiría escalando peldaños de a poco, forjando así su peculiar estilo histriónico.
JACK EL DESTRIPADOR
Considerada una de las mejores cintas en la historia del cine, Barrio Chino (Chinatown, 1974) tuvo como primer gran acierto reunir a un impresionante grupo de talentos que gravitaron en torno a su realizador, Roman Polanski, quien recreó el film noir y la época dorada de Hollywood basándose en la muy celebrada labor de sus intérpretes, principalmente la de Nicholson, quien da vida al detective J. J. Gittes, así como en recursos técnicos como los planos largos y la profundidad de campo para evitar caer en la sensiblería ramplona o en la rutina propia de una producción de gran estudio.
Ese año fue significativo en la vida de Jack, no sólo porque falleció su amiga Cass Elliot del grupo The Mamas and The Papas, sino porque el 12 de agosto la revista Time, publicó un reportaje de seis páginas sobre él. Antes de sacar el artículo, un investigador lo llamó para comprobar la información, dejándolo conmocionado: la mujer a la que había conocido como su hermana era su verdadera madre.
En 1975 trabajó a las órdenes del italiano Michelangelo Antonioni en el drama Profesión: reportero (Professione: reporter), como el periodista David Locke, en un largometraje donde el director reflexiona sobre la identidad humana y las relaciones interpersonales. El mismo 75 participó en Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Milos Forman); ahí encarnó a Randle Patrick McMurphy, criminal acusado de violencia y estupro, internado para su observación en un manicomio. Película sobre la impotencia y la adaptación de los individuos en instituciones con sistemas represivos; retablo costumbrista sobre la vida, supervivencia y muerte en una clínica psiquiátrica. Gracias a ella, Nicholson se fue a casa con un primer Óscar al mejor actor.
Bajo las órdenes de Stanley Kubrick en la escalofriante cinta El resplandor (The Shining, 1980), recreó a Jack Torrance, escritor que paulatinamente va perdiendo la razón. La sobresaliente actuación física en donde llevó el empleo de sus gestos al paroxismo la hacen una producción única. El rostro de Jack, cargado de maldad y asomándose por la rendija de una puerta es todo un clásico, al igual que la escena en la que Wendy (Shelley Duvall) se inclina sobre la máquina de escribir y queda pasmada al descubrir que en la hoja sólo se lee: All work and no play makes Jack a dull boy (‘mucho trabajo sin diversión hacen de Jack un niño aburrido’).
LA SONRISA ASESINA
Fanático a ultranza de los Lakers de Los Ángeles, Nicholson interviene en filmes como El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Ring Twice, Bob Rafelson, 1981) y La fuerza del cariño (Terms of Endearment, James L. Brooks, 1983); por esta última ganó su segundo Óscar (mejor actor secundario), y la interpretación del personaje Garrett Breedlove le dio la posibilidad de ampliar sus posibilidades histriónicas hacia la comedia de situación.
En El honor de la familia Prizzi (Prizzi’s Honor, John Huston, 1985), aproximación original al mundo de la mafia, Nicholson aporta solvencia y réplica actoral de primer orden como el matón Charley Partanna.
Vendría después Batman (Batman, Tim Burton, 1989); en ella recrea al Guasón, archienemigo del enigmático héroe, con una actuación no exenta de desmedida teatralidad, situación que le dio un aura de personaje inolvidable y único. Mientras que para Mejor... Imposible (As Good As It Gets, James L. Brooks, 1997) se transformó en Melvin Udall, un tipo irritable, egoísta y amargado. Su representación como un escritor que aterroriza por su forma de ser a quienes le rodean le hizo conquistar el corazón del público, además de un Óscar y un Globo de Oro.
También resulta memorable Las confesiones del señor Schmidt (About Schmidt, Alexander Payne, 2002), donde nuevamente desarrolla el papel del antihéroe de personalidad complicada. Reflexivo road movie acerca de mirarse en el espejo a través del paso del tiempo. Como el desquiciado capo Frank Costello, en Los infiltrados (The Departed, Martin Scorsese, 2006), nos obsequia un impecable desempeño con su característica impronta, prolija en recursos interpretativos.
A través de una rica trayectoria de casi seis décadas, Jack se erige como uno de los mejores actores norteamericanos vivos. Más allá de su destrampada y polémica vida personal, no exenta de escándalos y polémicas, su legado en el séptimo arte es impresionante. En los diferentes temperamentos que adquirió para entregar toda la extensa gama de personajes, con el empleo de diferentes registros histriónicos y a través de prácticamente todos los géneros, jamás ha escatimado guiño o gesto alguno. Es un actor que no se guarda nada.
En una de sus más completas biografías, Dennis McDougal lo pinta de la siguiente manera: Nació bastardo, llegó sin pedigrí (a Hollywood). Jack ganó, negoció, robó, rescató, sedujo, maximizó, arañó y afanó todo lo que tuvo en su vida, y luego luchó a brazo partido para conservarlo. [...] Es la única estrella que todavía brilla.
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