Juan Fabila Muñoz fue el único de los mexicanos que fueron a Japón en los juegos de 1964, ganó medalla de bronce, la que por cierto es considerada como la más ninguneada o menospreciada pues en la arena donde la conquistó no había mexicanos presentes y el reconocimiento general era del público que abarrotaba el lugar.
Había vencido de forma contundente al ruso Griyorev, quien había sido campeón olímpico con medalla de oro en los juegos anteriores, considerado como gran favorito para repetir. Fabila buscó a sus compatriotas para celebrar y no había ninguno. Entró a su vestidor se cambió y caminando siguió a la Villa Olímpica.
Al abrir la puerta se encontró que sus compañeros jugaban a las cartas y nadie lo festejó, a pesar de que él les decía lleno de alegría hemos ganado la medalla de bronce. Triste y desilusionado se fue a dormir, al día siguiente perdió la siguiente pelea cuando buscaba la medalla de plata, mas la de bronce ya era de él.
Juan Fabila, hijo de un ex boxeador amateur que siempre fue amante del boxeo, fue desde muy pequeño muy peleonero, a los cuatro años de edad ya andaba dándose de moquetes con los niños de su barrio, y así fue creciendo creando fama de pendenciero, y cuando cumplió nueve años de edad quiso cambiar pero ya era tarde, los retos y las provocaciones seguían en su contra.
Su padre, que trabajaba de carnicero, tuvo que llevarlo al gimnasio, donde Juanito aprendió las técnicas del boxeo, siendo un muchacho flaco y desgarbado, engañaba a los rivales con su rapidez de piernas y su fuerte jab de izquierda.
Para asistir a los Juegos Olímpicos de Roma tuvo que entrar a una eliminatoria donde figuraba Manuel 'Pulgarcito' Ramos, al que le ganó para ir a Tokio conquistando su derecho y después la medalla de bronce tan menospreciada que ganó México en unos Juegos Olímpicos.
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