Sin desesperarse y mucho menos enojarse hay que enfrentar esta mala racha por la que está atravesando el Santos Laguna, metido en lo que comúnmente se conoce como campeonitis y que tiene varias razones, una de ellas es que después de un gran esfuerzo viene un relajamiento.
Esto le ocurre a los humanos cuando por fin logran coronar sueños y anhelos. Así que hay que enfrentar la situación serenos y con inteligencia, porque nos parece que el maestro Benjamín Galindo es cuando menos honesto y trabajador, que estudia su quehacer sin descanso.
Hubo diferentes factores que influyeron en el partido del sábado en el Azteca, no se cuenta todavía con laterales valiosos y nos sigue pareciendo que la contratación cara de Lugo aún no está justificada, porque sigue el muchacho debiendo mucho.
Además, Darwin Quintero vuelve a ser el gitano de la cancha, con grandes actuaciones y otras en que se pierde. Si todos tuvieran la garra y entrega de Oribe Peralta tendríamos un señor trabuco, pero hay que aceptar la realidad.
Entre los que siguen creciendo está César Ibáñez, que juega cada vez mejor, y en cambio Cándido está abusando del juego rudo, que le va a seguir costando tarjetas, mismas que parece dejar en el pasado Felipe Baloy.
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