"LA ALEGRÍA"
Después de haber sufrido un infarto pulmonar, el paciente que se encontraba en su lecho en aquel hospital chileno, se le acercó un médico quien le preguntó: -¿Cómo se siente?-. ¡Bien!- respondió el paciente. El médico con gesto grave le comunicó: - "Su estado es delicado pero estable, mas sin embargo le hemos detectado un cáncer grave de páncreas y pues no quisiera darle esta mala notica". El paciente vio al médico con un gesto de serenidad y le dio las gracias. Al día siguiente el médico volvió a la habitación del paciente y le cuestionó de nuevo: -¿Cómo se siente?, a lo que el enfermo respondió: -¡Contento! -¿Contento?-, interrogó sorprendido el galeno. -¡Sí Dr., contento! El profesional no daba crédito a lo que escuchaba y el enfermo tomando de una mano al galeno le dijo: -"Sí doctor, pues esa noticia que me ha dado no es mala sino todo lo contrario, y debo estar agradecido con Dios por lo que me ha enviado". Su interlocutor asombrado le volvió a interrogar de nuevo: -¿Contento? - ¡Sí! respondió él. -"¡Cómo no voy a estar contento! ¡Cómo no estar agradecido con Dios! En lugar de una muerte violenta me manda una larga enfermedad para que pueda prepararme, no me da dolores, me da el gusto de ver a tantos amigos, de verlos a todos. Verdaderamente, Dios ha sido para mí un Padre cariñoso, el mejor de los padres".
¡Contento, Señor contento!- Así se expresaba siempre el sacerdote chileno, Alberto Hurtado Cruchaga, pues a pesar de haber vivido una vida llena de retos y de pobreza, nunca dejaba de expresarse de esa manera, y con un semblante siempre alegre contagiaba a los demás de su estado de ánimo. Corría el año de 1952, cuando un repentino malestar acompañado de falta de aire lo obligó a acudir a ese hospital católico.
Amables lectores, nunca en mi vida profesional he escuchado a nadie decir que está contento por padecer determinada enfermedad y mucho menos darle gracias a Dios por haber recibido "x" o "y" padecimiento, muchos pacientes al darles la noticia de que padecen determinada afectación en su salud sueltan el llanto tristes porque se les ha diagnosticado, y otros prorrumpen en maldiciones con el clásico "por qué a mí". Cierto que es duro el enterarnos de que nos encontramos enfermos, pero déjenme platicarles que hace muchos años cuando me iniciaba en estos lides de la salud conocí a una hermosa muchacha, y digo hermosa porque irradiaba una alegría que como pocas he visto en mi vida, ella padecía una de esas raras enfermedades de las que conocemos poco y que desde luego no tienen curación pero ella se arreglaba lo mejor que podía y se iba con sus amigas al café aún cuando ya eran visibles los estragos que dicho padecimiento causaba en su físico, ella me comentaba que el tiempo que le quedaba era corto y que no lo iba a desaprovechar estando triste y lamentándose de su suerte, que prefería estar alegre. Créanme que nunca la he olvidado y aunque ella falleció hace ya un buen número de años no he vuelto a encontrar a nadie igual.
El tema del Himno de la Alegría habla precisamente de ello y al hablar de alegría no me refiero a la expresión esa de "mexicana alegría" que pregonaba un triste comercial de bebidas etílicas, pues el que esto escribe, piensa que puedes estar contento al encontrarte en una reunión con amigos o familiares, y no es menester tomar ningún tipo de bebida para sentirte alegre, pues sólo basta el verte rodeado de la gente que en verdad te quiere para que aflore en ti esa alegría que nos llena la vida y sentirte feliz.
Todos los días camino al trabajo, me encuentro con un vendedor de periódicos al que siempre veo sonreír, y ofreciendo su producto a todos los automovilistas, desde luego que su vestir es humilde, y les aseguro que al igual que muchos de nosotros tiene problemas de toda índole, mas sin embargo no lo veo perdiendo el tiempo lamentándose de la vida sino al contrario lo aprovecha trabajando alegre y entusiasta.
¿Has podido observar a un bebé de pocos días de nacido que sonríe cuando se le habla? Ésta es una gran lección de vida pues a este mundo no hemos venido a sufrir, sino a ser felices, y la felicidad empieza con la vida misma. Cierto es, que durante nuestro andar por esta vida todos hemos tenido momentos de angustia y de tristeza y desde luego la pérdida de un ser querido. Pero si haces un balance de tu vida amable lector, encontrarás que los momentos tristes son en realidad muy pocos y que la mayor parte de nuestra vida hemos tenido la oportunidad de ser felices. Pero en ocasiones desperdiciamos días y noches tratando de ponernos una careta de seriedad que sólo nos estorba. He conocido mucha gente que al igual que tú y yo no son más que seres humanos, pero se esfuerzan por aparentar una dureza a los demás que en realidad no poseen. Esto sólo demuestra debilidad y no fortaleza como equivocadamente se piensa. Fuerte es aquél que va por la vida con la sonrisa en los labios, aquél que se atreve a estar alegre, aquél que se da la oportunidad de ser feliz de vivir su vida con alegría. No desaproveches tus días ¡vívelos con alegría, esfuérzate por ser feliz!
Un saludo al Dr. Alberto Aguilar Morales actual vicepresidente de la Asociación de Médicos Generales y Familiares capítulo Laguna.