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Viejos instintos

CARLOS LORET DE MOLA A.

Parece que se acostumbraron a encabezar las encuestas con una muy cómoda ventaja. El grupo de Enrique Peña Nieto ha de haber pensado que lo de la campaña era mero trámite porque en el primer acto adverso que les ha tocado, echaron mano de sus viejos instintos.

Frente a la protesta de estudiantes de la Ibero, los operadores tricolores de inmediato desempolvaron palabras como conjura, infiltrados, manipulados y otras que datan del más viejo PRI, y de las que de pronto abreva también la autonombrada "izquierda progresista".

Incluso en el video producido por la campaña peñanietista para tratar de suavizar la mala tarde que tuvo en esa universidad se incluyó un fragmento en que el propio candidato reacciona, aún en el lugar, a una pregunta sobre las protestas: "No son genuinas", dice, para después aclarar que respeta las expresiones en contra.

A fin de cuentas, todos los políticos son iguales: cuando algo les sale mal o un sector de la sociedad se organiza para protestar en su contra, de inmediato les brota el deseo de culpar de sus infortunios a enemigos imaginarios, manos ajenas, conjuras externas, complots, manipulaciones.

Si Peña Nieto vio en la Ibero protestas que no son genuinas, López Obrador vio "pirruris" manipulados por la malvada derecha en la marcha contra la inseguridad de cientos de miles de personas de blanco cuando era jefe de gobierno del DF.

Se ataca a los estudiantes hasta por pagar colegiaturas caras, como si los alumnos de universidades privadas no tuvieran derecho a protestar, como si no fueran ciudadanos con la garantía individual de simpatizar con el candidato que se les pegue la gana (exactamente igual que los que simpatizan con el PRI y que ahí mismo se organizaron para recibirlo con aplausos).

En campaña, todo se magnifica: unos ven en la protesta (que no fue violenta) una conspiración; otros, un despertar de la conciencia nacional contra la opresión de la mafia del poder. Ni una ni otra. Es un acto de campaña de dos partes en conflicto: una que quiere llegar y otra que busca impedirlo para que llegue el suyo. Y todo se desarrolla en el más animado ambiente democrático y de respeto a la libertad de expresión. Los gritos, las mantas, las pancartas son el aderezo de la fiesta.

Cierto que no es muy alentador que una parte de los jóvenes de la élite universitaria conciba la política como la aplicación de tácticas, inventadas por los priistas y perfeccionadas por los perredistas, para reventar asambleas cuando están en minoría. Pero de ahí a exigir investigaciones porque le gritaron y hablaron feo a un candidato, hay un largo trecho.

El que no quiera que le griten que no se meta a la casa de los sustos.

SACIAMORBOS

El vocero del PRI, Eduardo Sánchez, exalumno de la Universidad Iberoamericana, no escondió su visión de la sociedad y en su afán de descalificar a los jóvenes que protestaron se atrevió a decir, en una entrevista para Radio 13, que "no tenían aspecto de estudiar ahí". Racismo puro.

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