"La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, por lo que no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él, el testigo de una
Época, su cultura, su sociedad, sus intenciones..."
Octavio Paz
"Jovenazo: a leguas se ve que usted medio le sabe a las cosas, que ha leído, no como el copetón que ni con la Biblia pudo", afirmó lacónico el taxista que el otro día me llevaba a la oficina. "Por eso quiero preguntarle si le gusta la Suavicrema", disparó. ¿La qué?, respondí jurando ser víctima de un albur mañanero. "Pues es que así le puso la raza a la Estela de Luz: la suavicrema. ¿A poco no se parece? Y luego más de mil millones gastados en esa mamarrachada tan fea y cantidad de gente muriéndose de hambre. ¿No cree?".
En efecto, querido lector, la polémica y muy controvertida Estela de Luz es conocida ya como "La Suavicrema", ello en alusión a un famoso pastelillo que estoy cierto alguna vez probaste en tus años mozos. Si algo es característico de los mexicanos es nuestra proclividad a satirizar y enfrentar con humor a la vida. Aún en los momentos álgidos, de crisis, tragedia y honda tristeza; apelamos a la risa como elemento catártico que nos ayude a superar todo aquello que nos duele. Nada tan sano como reír; en mi caso me salvó de la locura en más de una ocasión.
Y es que entre el grueso de la población nacional, la edificación de la Estela de Luz no es motivo de orgullo sino de enojo y crítica, de desencanto abierto: mil trescientos millones de pesos -a todas luces una cantidad desproporcionada si partimos del hecho de que el costo original se había presupuestado en doscientos millones- destinados a la construcción de una obra que desde sus inicios se vio envuelta en un halo de controversia. La Estela de Luz, monumento con el que se buscó conmemorar el Bicentenario de la Independencia de México, originalmente sería inaugurada el 15 de septiembre de 2010 en la Ciudad de México; sin embargo diversos errores -entre otros de planeación y cálculo- derivaron en un retraso de los tiempos de entrega de la obra.
En el marco del acto de inauguración del monumento el pasado 7 de enero, el presidente Felipe Calderón Hinojosa señaló que "por su importancia simbólica y belleza arquitectónica, este monumento se sumará a la majestuosidad de obras tan emblemáticas y admiradas por todos los mexicanos, como son el Ángel de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez o el Monumento a la Revolución". En tanto, otras voces opinan de diferente manera. Es el caso de Pablo Escudero, presidente de la Comisión de la Función Pública de la Cámara de Diputados, quien afirmó que la Estela de Luz será recordada como "el robo del Bicentenario". "Quince meses después se entrega una obra con un costo superior a los mil millones de pesos", asentó, y dijo que las autoridades ni siquiera debieron dar por recibido ese "monumento a la opacidad, a la corrupción y a la impunidad".
Lo cierto es que hasta el día de hoy, los contribuyentes desconocemos en qué fueron a parar mil trescientos millones de pesos y a qué obedece el sobreprecio. Del mismo modo, es importante saber cuánto costará su mantenimiento y quién se hará cargo del mismo. Y ello no es asunto menor dado que consumirá la energía equivalente a encender mil 704 focos de 100 watts por un período de siete horas al día en tiempos en los que las naciones modernas le apuestan a la ecología, la cultura verde y la conversión a sistemas de energía solar. La cifra anterior se antoja como un caprichito fuera de lugar y no acorde con el ser responsable ambientalmente hablando, hecho del que es afecto a pavonearse Felipe Calderón en diversos foros internacionales a los que suele asistir con frecuencia.
Te invito a que por un momento pienses en la Torre Eiffel. Si has estado en París, puedo apostar a que fuiste a verla y seguramente atesoras en el arcón de los recuerdos un centenar de fotografías al lado de tan emblemático y mundialmente famoso símbolo. Seguramente también recordarás que al ser presentado el anteproyecto y posterior construcción, los artistas de la época la catalogaron como un espantoso e inútil monstruo de hierro alejado de los cánones de estética que únicamente serviría para afear a la ciudad; a muchas personas no les gustó y tendrían que pasar años para que lograra convertirse en parte del paisaje urbano y arquetipo del joie de vivre galo.
¿Quiero decir con ello que la Estela de Luz terminará por ser, dentro de algunos años, uno de los símbolos que nos distingan mundialmente? ¿Que chilangos, regios, laguneros, yucatecos, jaliscienses y michoacanos hablen con orgullo de una obra que los define y hermana como habitantes de una nación? ¿Será la Estela lugar de reunión cuando México participe en una Copa del Mundo, del mismo modo que el Ángel de la Independencia? ¿Punta de lanza para una campaña a la Presidencia de la República? ¿Ejemplo de vanguardia y tendencias arquitectónicas de los anales del tercer milenio?
Como afirma el periodista Ricardo Alemán: "Al tiempo". ¿Que qué opinión me merece la Estela de Luz? De noche es lucidora, pero ya nos tapó la vista del Castillo de Chapultepec. ¿Que cómo se ve de día? Parece una Suavicrema de vainilla, la neta.
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