PLANES VAN planes vienen y la Comarca Lagunera sigue viviendo sus peores días en lo que a seguridad se refiere. Por reuniones, conciliábulos y declaraciones de las autoridades no falta, pero las calles de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo se han convertido en tierra de nadie. Me equivoqué, sí tienen dueños, están bajo el dominio y propiedad de la delincuencia organizada y de la desorganizada también.
LA VIDA DE TODOS en la Comarca Lagunera se ha trastocado. Nuestras costumbres han tenido que cambiar. A partir de las siete de la noche todos deberemos estar bien guardaditos en casa. Salir a la calle, a una reunión de amigos, a un restaurant o al cine se ha convertido en una de esas actividades llamadas de deporte extremo.
EL BULEVAR López Sánchez es ahora la pista de la muerte. Como si se tratara de pobres perros atropellados, aparecen en sus acotamientos cadáveres tirados de uno y del otro lado, un día sí y otro también. Es además muy común, ver a mexicanos colgados de las varillas en los puentes peatonales.
LAS CANTINUCHAS y los bares son visitados asiduamente por comandos de asesinos, que se dan la libertad de rafagear a placer a los inocentes parroquianos que buscan un momento de distracción. Las nuevas colonias periféricas que se dicen cuentan con medidas de seguridad y control de ingreso, también han sido invadidas por hordas asesinas que sacan y ametrallan al primer colono con quien se lleguen a topar.
LA VERDAD es que la vida de todos nos la cambió el crimen. Torreón, que antaño era una ciudad conocida en el mundo por sus logros, modernidad y crecimiento, es ahora una referencia de crímenes y balaceras. Decenas de negocios se cierran todos los días. La que fuera nuestra orgullosa avenida Morelos con sus bellísimas palmeras y vivísima actividad comercial, es hoy una zona de desastre. Con cientos de locales comerciales vacíos, todo se vende y todo se renta. Las construcciones que han logrado sobrevivir lucen ahora en el completo y más absoluto abandono. Descarapelada, destruida y tirada al abandono, el grafiti ha firmado su sentencia de muerte.
CIENTOS DE FAMILIAS laguneras se han visto en la necesidad de abandonar esta región, que en un cercano pasado fuera una tierra prometida en donde se podía crecer y progresar. Desde muy lejanas tierras llegaban los hombres a estos lares buscando paz y facilidades para crecer, progresar, fundar una familia y ganar dinero. Ahora por el contrario, muchos laguneros salen en busca ya no de progreso y fortuna, sino de la seguridad más elemental a que tiene derecho cualquier ser humano: sobrevivir segura con su familia y no morir en las calles con una bala perdida en la cabeza.
EL SECUESTRO ha venido a ser el gran negocio. Decenas de hombres, mujeres y hasta niños son secuestrados impunemente para ser extorsionados y hasta asesinados: ¿Y qué están haciendo las autoridades al respecto? Pues nada de nada.
LOS LAGUNEROS sabemos por los medios, que la federación sigue mandando cientos de soldados y policías federales a la comarca; pero el crimen no disminuye. A los militares los vemos desfilar por calles y avenidas montados en camionetas fuertemente armados y recorriendo como rondines los espacios de las tres ciudades. Para cualquier neófito en sistemas de inteligencia criminal, esto da más la impresión de que esos rondines callejeros con soldados y policías federales no buscan otra cosa, que atropellar algún despistado o descuidado sicario que se les llegue atravesar a las camionetas o tanquetas y así poder arrollarlos con el "tumba-burros".
CUANDO SE presenta la alarma del Código Rojo las patrullas, comandos y camionetas militares siempre llegan tarde y rarísima vez logran detener a los delincuentes. Los ministerios públicos se han convertido en unos grandes coleccionistas de cartuchos percutidos de todos los calibres, los recogen y los guardan en unas bolsitas de plástico y anuncian solemnes: "Se están haciendo las investigaciones del caso para dar con los responsables". Pero al día de hoy, ninguna autoridad ha podido aclarar uno solo de los más de mil crímenes cometidos. Llevan de mil, cero.
LOS ROBOS de cable y alambre, de los bustos de algunos distinguidos laguneros, de las placas conmemorativas, de las alcantarillas y de los medidores de agua de Simas, ya forman parte del folklore delictivo lagunero. A nuestras autoridades no se les ha podido ocurrir -ir ni por asomo- a los no más de tres compradores de fierros y cobre de esta ciudad, enjaularlos.
PERO PARA QUÉ SEGUIR con un tema de sobra conocido por todos los que vivimos en esta Comarca. La verdad indiscutible es que las autoridades han llegado a su más alto nivel de incompetencia, sin poder hacerle frente a la delincuencia.
En estas condiciones, los laguneros que han podido hacerlo, ya se han ido de la Comarca, y los que no pueden, siguen viviendo aterrados en ésta, en otros tiempos gran Comarca Lagunera, ahora convertida en un pueblo sin ley, con autoridades impotentes y en donde la impunidad reina y mora.
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