Granada, España, es una de las ciudades del mundo que cautivan por su tradición, cultura, gastronomía, historia y belleza. Una vez cumplida la Reconquista cristiana peninsular, con la toma de tan bella ciudad el 2 de enero de 1492, en ella onduló por primera vez el gallardete cristiano, en la Torre de la Vela, torreón de la Alhambra.
Cuenta la historia que "el escritor, poeta y diplomático mexicano Francisco de Icaza -entonces recién casado- caminaba junto a su esposa por el barrio del Albaicín cuando encontró ahí un mendigo ciego que pedía limosna, iba a pasar de largo el matrimonio cuando Icaza pareció pensarlo mejor, se detuvo e improvisadamente dijo a su mujer los versos que ahora se pueden leer en la base de la citada torre:
Dale limosna, mujer,
[que no existe desgracia]
En la vida [comparada con] nada
Como la pena de ser
Ciego en Granada.1
La moraleja es aleccionadora. Creo que existe una desgracia y una ceguera mayúscula, para un pueblo lleno de grandeza como el nuestro, que es una generación de políticos con partidos con mucha fuerza y escasa representatividad, que carecen de visión para eficientar el ejercicio gubernamental y poder conciliar satisfactoriamente las diferencias que lleven a resolver los graves problemas que laceran a nuestra sociedad.
Nuestros políticos, buscando defender su razón -no la razón superior de la Patria- dilapidan, despilfarran y malgastan, la confianza que millones de mexicanos expresamos manera civilizada y pacífica, a través de un amplio bono democrático en las urnas el pasado 1 de julio.
Para los políticos, este, en vez de ser el tiempo de la reconciliación y el acuerdo, es el tiempo de la ausencia de eficiencia en el ejercicio gubernamental y de la acre descalificación, la confrontación innecesaria y la intriga intrapartidista, que a todo conducen menos a los necesarios avances que consoliden nuestra transición democrática.
En cualquier régimen, nada sustituye un gobierno que tenga una operación política eficiente cuando hay deficiencias en ésta; no hay sistema político que funcione adecuadamente, surgen los protagonismos políticos fatuos, llega la ausencia de propuestas de gran calado, se extravía el rumbo… el andamiaje institucional se trastoca.
Cierto día preguntaron al sabio chino Confucio: - "¿Por dónde inicia la reforma del Estado?
-Por el lenguaje -respondió-, pues no se puede dialogar y llegar a acuerdos sin un respeto al sentido de las palabras."
El viejo filósofo quiere políticos que honren el quehacer político con su palabra, recordando que si en física la fuerza se potencializa cuando dos cuerpos van en la misma dirección, en política más cuando los líderes van en el mismo rumbo: el de engrandecer a la patria. Hoy, el rumbo es afianzar nuestra democracia y hacer crecer la confianza ciudadana en que sí se puede salir de las crisis que nos ultrajan.
A propósito de confianza, el viejo filósofo recibió la visita de varios diputados que están por concluir en la actual legislatura. Como sabían que Vasconcelos decía que "formamos parte de la cultura de la carne asada", trajeron suficiente carne acompañada de más platillos de la gastronomía norteña, y no podían faltar el vino y las cervezas, situación que obligó al Filósofo a que llegara en la madrugada a su casa, sin haber llamado a su esposa.
En la mañana cuando desayunaban un exquisito machacado de Ma. Del Rosario Garza Hinojosa, "La Güera", un diputado le pregunta al campesino:
-Filósofo, dime una cosa ¿te regañó mucho tu vieja porque llegaste tarde, por quedarte a tomar y a jugar dominó con nosotros?
-¡Claro que no!, al fin y al cabo, los cuatro dientes del frente… ya me los tenía que sacar.
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