Somos seres humanos propensos a cometer errores y a que a veces nos ganen nuestras debilidades, los líderes de empresa no son ajenos a esto, lo negativo en ellos se traduce en conductas que demeritan la poca o mucha eficiencia que se pueda tener en el ejercicio del liderazgo. Aunque suele suceder que a veces los errores de los líderes empresariales, dueños o ejecutivos, signifiquen su muerte profesional en la empresa en que laboran, sin duda alguna su comportamiento erróneo genera en los subordinados un efecto desalentador.
Para evitar los errores y los defectos conductuales es recomendable practicar lo que hacen los místicos: Un repaso mental introspectivo para identificar lo que nos desvía de un ejercicio pleno y eficiente para mandar y liderar. Aspirar siempre a ser coherente en el pensar y en el hacer.
Existen líderes que, aun cuando disponen de todos los medios para hacer un gran trabajo, ni así cumplen con las expectativas de sus superiores ni con las de los subordinados y, lo que es peor, echan a perder a su equipo, malogran un buen cuadro de colaboradores. Sin el concierto en las actividades diarias, su equipo desperdicia el esfuerzo individual y el de todos. Si a eso se añade que el líder no empodera a los demás, centraliza todas las decisiones, retrasa su flujo y merma la iniciativa de los demás, y el aprendizaje y evolución del grupo retroceden.
Cuando el líder es autócrata, todo mundo le carga todas las culpas, si él es el responsable de todo, los subordinados harán poco. La toma de decisiones se debe hacer bajo un estilo de mando ágil, flexible y dispuesto a asumir las equivocaciones aun cuando las decisiones se tomen bajo un riesgo muy medido. El miedo a decidir compartir la toma de decisiones no está en consonancia con un buen liderazgo. Uno de los mejores líderes empresariales que ha tenido una gran empresa lagunera decía a los miembros principales de su equipo de trabajo: "Los dejo tomar decisiones, en el entendido de que se pueden equivocar. Solamente les pido que el promedio de bateo sea bueno": Y así los hicieron durante casi siete años, con un "promedio de bateo" excelente.
Siguiendo con los negativo de algunos líderes, una vida licenciosa y disipada, inclinada a los vicios del alcohol y las drogas, deshonra y empaña la autoridad del que manda y lidera y se cae en el riesgo de que otros hagan lo mismo siguiendo ese mal ejemplo como consecuencia del llamado "mimetismo organizacional"-habilidad que ciertos seres vivos poseen para asemejarse a otros seres vivos- y de que la disciplina se vuelva laxa provocando que el equipo de trabajo o la empresa entera, caiga en la ineficiencia.
El líder incompetente, porque los hay, se distingue por ser indolente, limitado, prepotente, que no inspira ni proyecta nada bueno a los subordinados y pierde el tiempo y hace que los demás lo pierdan, en reuniones inútiles y prolongadas. Lo peor de todo es que estos líderes malogran y desmotivan a líderes potenciales por medio de la confusión y la desorientación profesional, ni enseñan ni dejan que los demás aprendan. Vuelcan sus traumas, sus complejos y sus frustraciones en los elementos jóvenes del grupo, quienes en su afán de desarrollar sus aspiraciones intactas, esperan encontrar en su líder la experiencia y la guía que los consolide en la empresa encaminándolos mediante el trabajo y el estudio, hacia un mejor futuro.
Cuando los jóvenes llegan a las empresas ilusionados de que tienen que hacer algo "para la inmortalidad", para cambiar el mundo y chocan con líderes acomplejados y profesionalmente truncados, lo más seguro es que sus ilusiones se quebranten, que caigan en el desánimo, y ante la falta de otro trabajo disponible, los atrape la mediocridad y sus propósitos de sobresalir se esfumen en el espejo roto de quien les tocó por jefe. Como bien lo dijo Max De Pree, fundador de Herman Miller -la principal empresa de muebles de oficina en los Estados Unidos-: "Los líderes son también responsables del liderazgo futuro".
Otras veces sucede que el líder ineficiente lo es porque está resentido por circunstancias profesionales del pasado. De acuerdo con Gregorio Marañon, "El resentimiento en una persona, la sella con un pecado más grave que la ira y la soberbia". En estos casos, la agresión sufrida, real o imaginaria, justa o no, queda presa en el fondo de la conciencia, ahí dentro se incuba, se fermenta, se infiltra y crece y ese resentimiento termina por ser el rector de nuestra conducta y de nuestras acciones. El líder con poder y con resentimiento, es capaz de todo, difícilmente detendrá el rencor que le brota a borbotones y no puede de ninguna forma, ser generoso y humano con sus subordinados. Este líder actúa siempre de modo callado, misterioso. Desconfía de todo y de todos y es autoritario y contundente hasta con lo más simple, convirtiéndose de esta manera en un riesgo para los que manda y lidera y para la propia empresa que lo tolera. El riesgo del resentimiento lo tenemos todos si en nuestra soberbia no somos capaces de asumir un revés, de entender y valorar un fracaso o varios.
Por lo general el líder ineficiente anuncia cuando empieza a ser así, manda señales inequívocas. La centralización de todo, los equipos de trabajo quedan anulados, no hay desarrollo, las propuestas y recomendaciones se quedan en el papel, el desaliento es general y el ambiente laboral se vuelve denso. A la gente se le debe permitir tomar la iniciativa, y parafraseando a Stephen Covey "tomar la iniciativa no es ser insistente, molesto o agresivo. Es reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan", esto no lo entiende el líder incompetente.
Es posible que a usted amig@ lector le esté sucediendo lo hasta aquí comentado y nadie se atreva a decírselo. Tiene las mejores intenciones de liderar eficientemente su empresa, ha procurado la construcción de estrategias de mediano y largo plazo y quizá sea un trabajador intachable, lleno de valores y de reconocimientos. Pero puede ser que sea parte de la inmensa red de líderes con buenos propósitos desconectados de las realidades externas de un mundo empresarial que cambia a la velocidad del viento. Hay quienes pasan por alto estas situaciones irrefutables por estar inmersos en las normas, las políticas, los procesos internos y en la falta de práctica de la introspectiva.