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CONTEXTO LAGUNERO

Por Juan Manuel González

Cuando se observa lo que le ocurre a una empresa u organización, o aun a un país, una parte de la explicación acerca de lo que ocurre hay que buscarla en el pasado, para revisar qué se hizo bien y qué se hizo mal. Una vez hecho este análisis, las soluciones están sólo en el futuro, ya que el pasado no podemos cambiarlo y las condiciones que había entonces eran diferentes. Casi siempre lo que nos pasa hoy de forma negativa, tiene que ver con algo que en el pasado quedó mal o no fue previsto. Y normalmente está relacionado a la falta de visión estratégica o, si la hubo, a la selección del escenario equivocado.

Hay tres preguntas que son útiles para hacer un análisis del pasado: que vimos, que no hicimos y que hicimos. Pongo un ejemplo: el reconocimiento de la situación de pobreza que vivíamos hace quince años en el país (lo que vimos), nos podría haber puesto en la perspectiva correcta de tomar medidas adecuadas para evitar que el número de pobres creciera (lo que no hicimos). Pero preferimos no pensar en ello o bien esperar a que el problema se solucionara solo (lo que hicimos).

Si cuando planeamos el futuro no asimilamos la experiencia y cometemos los mismos errores, estamos condenados a repetir la historia y a crear una situación peor. El análisis de la historia debe servir para corregir rumbos y evitar repetir errores.

Es bueno tomar conciencia de que dado lo crítico de nuestra realidad y considerando nuestras expectativas de un futuro mejor y exitoso; y dado que nuestra realidad proviene de un pasado pobre en visión y planificación, ya no es posible tratar de arreglar las cosas planificando "cambios" que signifiquen "más de lo mismo", pues nos llevará a repetir la historia; ahora tenemos que ir más a fondo, hacer cambios de raíz. Lo anterior significa que los movimientos autoinducidos deberán ser mayores e incómodos; deberá haber cambios de mentalidad, de lógica de funcionamiento y de comprensión. Significa que si hasta hoy algo no ha cambiado para mejorar, entonces está mal.

Tampoco se trata de querer producir cambios violentos, ya que ello puede alterar la capacidad operativa de las organizaciones, pero las nuevas estrategias que se seleccionen si deben ser atrevidas, temerarias y establecidas como una reingeniería nacional.

Un ejemplo de algo que debe transformarse radicalmente es la toma de conciencia del sector empresarial sobre el papel que tiene en la reducción de la pobreza y la inclusión social. Ya está de sobra demostrado que los gobiernos, de cualquier partido, no tienen la capacidad de lograrlo por si solos; otros actores deben asumir también responsabilidades. Hacen falta planes concretos de cada empresa en relación a su entorno directo como parte de su responsabilidad social; hacer esta tarea debería ser parte de su negocio principal, parte de lo que los norteamericanos llaman "core business", de su estrategia. Y eso requiere cambios importantes en los procesos de negocio y sobre todo, en la mentalidad de los empresarios.

¿Pueden los empresarios optar por los pobres? Esta pregunta puede parecer retadora y peor aún, impertinente; molesta, tal vez. A la opción preferencial por los pobres no se le puede restar la seriedad que tiene ni su empeño de compromiso, independientemente de las ideologías con que frecuentemente se le ha presentado.

La realidad es que no se puede optar preferencialmente por los pobres sin conocerlos. No me refiero a un conocimiento conceptual o estadístico, sino a un conocimiento de cercanía de contacto, de vivir lo mismo que ellos. Hay realidades que sólo pueden conocerse con el saber del "sabor", del contacto, del experimentar juntos. Los conceptos, que tienen como misión reflejar la realidad, si no somos cuidadosos y muy críticos, pueden estar muy lejanos de reflejar fielmente esa realidad.

Optar por los pobres significa cumplir antes que nada las exigencias de la justicia, no dar como ayuda de caridad lo que se debe de dar por razones de justicia; suprimir las causas y no sólo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan bastando por sí mismos, los actos del gobierno a este respecto, están muy lejos de que los pobres se basten a sí mismos.

El presente es tan efímero y se pasa tan veloz que se convierte en pasado en un abrir y cerrar de ojos, a veces sin darnos tiempo a hacer las cosas que debemos. La mejor manera de evitar que el presente nos sorprenda es a través de la planificación. El ciclo pasado-presente-futuro- puede ser virtuoso si entendemos los cambios que debemos hacer, y vicioso si no lo hacemos. Romper un ciclo negativo requiere de autocrítica, orientación a la innovación y capacidad de cambio. Y eso es lo que nos hace falta. La inercia es la peor enemiga del progreso y la evolución. Los pobres de México siguen esperándonos…y el tiempo se nos agota.

jgonzalez2001@hotmail.com

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