Unas 2 mil personas acudieron al homenaje que organizó la Alcaldía de Chimalhuacán a Noé Hernández.
Ya descansa en paz Noé Hernández. En un adiós digno de un héroe olímpico, el subcampeón en Sidney 2000 se despidió de Chimalhuacán, lugar que lo vio nacer y donde ayer fue sepultado.
Acompañado por miles de personas, "El Chivo", quien falleció el miércoles pasado de un paro cardiorrespiratorio, consecuencia de un coágulo pulmonar, realizó su último recorrido en las calles que fueron testigo de sus primeros sueños.
Cientos lo acompañaron en el pesado camino rumbo al cementerio. Pero no hubo quejas. Nadie protestó por lo inclinado de la pendiente rumbo a su casa, tampoco por las piedras y el polvo en el trayecto. Al contrario, mientras más pesado era el camino, más fuerte sonaban los cánticos, porras y el mariachi.
"Adiós Noé, para Chimalhuacán siempre seguirás vivo, eres nuestro ídolo", gritó doña Matilde desde su tiendita de abarrotes. Como ella, muchas personas aplaudieron el paso del féretro de Noé que, previo a su llegada al panteón, visitó la casa de sus padres, la de su hermana y finalmente el que fue su hogar.
Un mariachi le siguió los pasos por el sinuoso camino. "Las Golondrinas", "México lindo y querido" y "El Rey", fueron algunas de las melodías entonadas. Una bandera de México y un retrato del andarín en sus mejores momentos como deportista acompañaron el ataúd.
Miles se aglutinaron en el panteón Todos los Santos del municipio mexiquense. Y aunque se vivieron algunos minutos de tensión por algunos empujones y sobrecupo, Noé pudo llegar a la que es su morada final. Una orquesta y decenas de coronas ya lo aguardaban.
Y los familiares, hasta entonces serenos, no pudieron evitar romper en llanto ante el inevitable adiós. Rodeados de cámaras, micrófonos y flashazos, sus padres; Vianney, su esposa y sus hijas Vania y Vianney, se despidieron de Noé entre lágrimas que erizaban la piel. Una tristeza que se contagiaba entre la multitud.
Antes de ser sepultado, Hernández recibió también un homenaje en el Palacio Municipal de Chimalhuacán. Por algunos minutos, los coterráneos del medallista pudieron contemplarlo como el "héroe" que fue para ellos, con su uniforme tricolor y su medalla olímpica en el cuello. Víctor Estrada fue uno de los pocos atletas que se dieron cita en el lugar.
Después del homenaje se realizó una misa en la iglesia local. En apenas pocos minutos, el lugar lució repleto de personas que buscaban despedirse del medallista y rezar por su alma.
Ya descansa Noé Hernández. Sus restos yacen en el cementerio, aunque su ejemplo seguirá vivo en aquellos, algunos pocos, que aún buscan reavivar a la marcha en el país.