Estaba leyendo que María Elena Bergoglio, la santa hermana del Santo Padre contó a los reporteros que hasta el día de hoy no ha recibido llamada telefónica alguna de don Francisco (el Papa, no el de Sábado Gigante) para informarle que es el nuevo mandamás del Vaticano.
Claro, quiero suponer que ya se enteró (hay noticias que vuelan, jaja), pero entiendo su aflicción porque ¡esas cosas se avisan! ¿Qué pasa con la unión familiar? Qué te cuesta llamar y decir: "Hola, hermana, Habemus Papam" o algo igual de original. No está fluyendo la comunicación en casa de los Bergoglio.
Por supuesto, alguien lo defenderá alegando que es un hombre ocupadísimo de 76 años. Está bien, tienen razón. Pero no es el único: existe Julio Iglesias.
Para quienes no estén muy enterados, mientras los norcoreanos nos quieren matar a todos, Julio recibió en Pekín (con casi 70 años) el Récord Guinness por ser el artista de habla hispana más vendedor de discos del mundo. Yo digo que 300 millones de copias son muchas, pero Julio es un récord por sí mismo.
Entre otras cosas, por haber sido portero del Real Madrid, por haber tenido sexo con más de 3 mil mujeres (que haciendo algunas cuentas lógicas, da un hermoso promedio de 66 al año), por haber sobrevivido en estos tiempos de cáncer de piel (siempre tan bronceado), por cantar un día en Shanghai y al siguiente en Tepic, por no mostrar el lado izquierdo de la cara desde hace 30 años y, sobre todo, por haber tenido una esposa que se desmayaba cada vez que llegaba al clímax.
No me juzguen queridos lectores, pero amo ese mito urbano sobre Isabel Preysler. ¿Se imaginan? "Me voy, me voy... y ¡me fui!". Y perdía la conciencia. Ay, la narcosis del amor. Aunque también, saberlo siempre me acarrea un trauma porque pienso que no soy tan eficaz orgásmicamente hablando. Si hubiera un orgasmómetro, por ejemplo, quedaría en los niveles medianos comparada con la ex de Julio. Es que escuchas la historia y lo primero que piensas es: "¿Pues, qué le hicieron?". Y ahí es donde crece minuto a minuto la leyenda llamada Julio Iglesias.
Debo confesar que yo me le acerqué mucho una vez, para constatar los hechos (o sea, para ver las mañas amatorias del cantante), pero mi ex jefe, Raúl Velasco, le dijo: "Cuidado con mi asistente", y tiró al suelo mi futuro constatario.
Lo único que conseguí fue un par de fotografías con el máximo ídolo favorito de los chinos, donde yo volteo para allá y él para acá porque no coordinamos nuestros mejores ángulos. Cada vez que hay una cámara enfrente, Julio pone el derecho pase lo que pase. Así que si ustedes quieren verle el lado izquierdo tendrán que ir al Auditorio Nacional a finales de abril o ir a la hemeroteca a consultar el ejemplar de la revista HOLA! dedicado a la boda de Julio Iglesias Jr., en el que aparece el perfil inédito (véase página 63 ¡una que se fija en todo!).
Personalmente, muero por ver a Julio en concierto, sobre todo por cantar: "Unos que nacen, otros morirán, unos que ríen otros lloraran..." y por apoyarlo en estos momentos difíciles porque, según la prensa española, se ha separado de Miranda Rijnsburguer.
No me pregunten por qué, pero sé muchas cosas inútiles de Miranda, por ejemplo, los nombres de sus últimos parteros (Rebeca Martínez y Tony Adams). Eso une.
Bueno, pues ahora ella vive con sus cinco hijos en Miami y él, solo en Punta Cana. No quiero meterme en terrenos personales, pero si te casas con Iglesias es porque te gustan las emociones fuertes y no debes abandonarlo a las primeras (o 300) de cambio.
Ya dicen por ahí que "no tiene la culpa la güera, sino la que le pinta el pelo".