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Decir que ‘no’

Negar algo, labor complicada

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Fabiola Pérez-Canedo H.

Establecer límites no es una tarea sencilla para los padres, pero es un tema necesario para que los niños cuenten con un desarrollo adecuado, ya que en la medida en que aprendan a conocer sus alcances y libertades, será como interactúen de adultos en la sociedad.

Los papás de hoy vivieron en hogares más estrictos. La disciplina era más rígida tanto en la casa como en la escuela, además la información era limitada, pues fuera de lo que se transmitía en televisión o se publicaba en prensa y revistas, los niños no estaban expuestos a saber de todo, como sucede actualmente con la presencia del internet y las nuevas tecnologías.

Cuando los papás actuales eran niños, sus rabietas terminaban cuando sentían la mirada fija de sus padres; fueron educados para obedecer las reglas del hogar, de la escuela y del trabajo. Esto originó que muchos de ellos decidieran ser más permisivos con sus hijos, bajo el argumento de que no sufrieran los mismos traumas de su infancia.

Especialistas en psicología consideran que esta «compensación», sumada al acceso infinito de información, ha generado niños que desde pequeños cuestionan a los padres, a los profesores, a los entrenadores, a la autoridad en general, y que ante la falta de límites hoy, al volverse adultos podrían necesitar corrección.

ESTABLECER LÍMITES

Esto tiene que ver con la seguridad personal, en la medida en que una persona no se siente segura con algo, le costará más trabajo establecer límites. Es una realidad que los seres humanos necesitan reglas, pero se requiere saber cómo fijarlas, para lo cual los padres de familia deben ir instruyéndose.

Los hijos aprenden a diario y en esto, los papás no pueden quedarse atrás, deben estar dispuestos a aprender y tener la actitud para ponerse de acuerdo en pareja, a fin de que ambos coincidan y no existan «rendijas» por donde se pueda esquivar o romper la estructura de autoridad, afectando incluso a la pareja.

Hay una frase popular que dice: “Si educas al niño de hoy, no tendrás que corregir al adulto de mañana”, que hace referencia a que los límites que hoy se fijen a los niños, serán definitivos para su comportamiento social en el futuro.

ACTITUDES COMPLACIENTES

En otro punto, se dice que cuando los padres tienen una actitud complaciente y sobreprotectora con sus hijos, esto podría derivar en adultos con problemas de límites en el futuro.

Alguien que complace a sus hijos y no establece reglas, impide a los niños tener conciencia, pues ésta surge a partir de la frustración; así es como un bebé aprende a tomar ritmos de comida, de sueño, y éste es un debate infantil entre el querer y el poder.

Si el menor no conoce estos límites, cae en el «Síndrome del Emperador», donde al niño se le empodera tanto que siente que puede y merece todo. Se trata de niños que llegan a un nivel de exigencia tal, que obligan a los papás a que les compren, desde los tres años, productos que no necesitan, como tabletas, computadoras o teléfonos inteligentes.

Suelen ser berrinchudos y se tiran al piso, hacen escándalo o rompen cosas cuando algo se les niega, y esto puede convertirse en un gran obstáculo en la convivencia social a futuro.

SIN CHANTAJE EMOCIONAL

El niño busca lo que quiere, no lo que necesita. Y mide a los papás en función de ello. El ejemplo más claro es cuando un pequeño se golpea contra algún mueble y, si los papás no se dan cuenta, sigue jugando, pero si ellos lo notan, reacciona con llanto exagerado.

El chantaje es un recurso que utilizan cuando no puede negociar una realidad. El menor debe comprender que el adulto es quien establece las reglas. Para manejar el chantaje, el papá debe saber que el niño no busca mejorar sino sentirse mejor, que son conceptos opuestos.

Los padres deben identificar cuando el llanto es por necedad y cuando es por dolor real. Los especialistas señalan que los niños, en definitiva, no se trauman porque se les diga que «no», al contrario, es más fácil que resulten con un trauma psicológico cuando a todo se les dice que sí.

El chantaje es una herramienta que apela a la sensibilidad y vulnerabilidad, pero también a la sensación de culpa, ya sea por no pasar tanto tiempo con los hijos, porque se les regañó o porque no se les da lo que quieren. Aquí los padres deben ser muy consientes de que no es correcto dar a los niños lo que no necesitan.

ENCARAR EL CONFLICTO

No hay alternativas al «no». Es un conflicto que no puede evitarse. Como papás, no se puede evadir el dolor de ver al niño llorando, sobre todo cuando se cuenta con los recursos para adquirir lo que pide, pero se decide que no se le proporcionará porque no es algo que necesite. Aquí el conflicto es una negociación adecuada.

Lo recomendable es un primer «no» acompañado de una explicación, un segundo «no» que incluya el porqué, un tercer «no» donde se puede enfatizar el punto, y aquí terminar. Un cuarto «no» debe ser seco y rotundo, contundente, que ponga fin a la solicitud y al conflicto.

NECESIDAD Y CAPRICHO

Se puede diferenciar una necesidad de un capricho cuando, si no obtiene aquello que se desea, eso va a significar un daño a quien realiza la solicitud, más allá de una tristeza, es decir, cuando aquello realmente cause una merma intelectual, escolar o social. Si la negativa no causa ningún tipo de merma, entonces se trata de un capricho.

La necesidad tiene que ver con algo real y aplicable, práctico, operativo. Por ejemplo, un menor puede necesitar una computadora para la escuela, pero un capricho sería que desee una supercomputadora con la tecnología más costosa y nueva del mercado.

La paternidad es una labor artesanal, los niños de hoy piensan mucho y tienen argumentos, mientras que los papás fueron educados para obedecer. Es la primera generación donde incluso hay papás regañados, pues los esquemas de educación que ellos recibieron ya no aplican, y los niños tienen acceso a tecnología e información que los padres nunca tuvieron. Por ello, existe la necesidad de educarse y aprender, a fin de establecer los límites adecuados para cada etapa.

Hay temas que son genéricos, como el orden. Desde el año y medio o dos años, el hijo puede tener obligaciones en casa, como recoger su ropa o sus juguetes. El establecimiento de hábitos no sólo es en cuanto a lavarse los dientes, sino que abarca la lectura, el ejercicio y la conversación, que son apoyos para el establecimiento de los límites.

También se debe fijar una uniformidad de criterios, es decir, que la pareja debe estar de acuerdo en cuanto a lo que puede y lo que no tiene permitido hacer el niño; y la definición de castigos y premios, ya que se trata de una valiosa oportunidad para que los niños aprendan.

DIÁLOGO CON LOS HIJOS

Jean Piaget decía que los niños menores de ocho años tienen «monólogos colectivos». Es decir, los niños pequeños no dialogan, por lo que los papás deben ser impositivos, pero con amor. En este sentido, la familia no puede verse como una democracia sino como una dictadura, donde los padres establecen las reglas y los hijos las siguen.

El diálogo con los hijos aparece en la pubertad. Los padres deben practicar la empatía, ponerse en el lugar de los hijos y establecer canales de comunicación, pues en la adolescencia y juventud, los límites deberán ser impuestos por la razón, ya no por la fuerza, sino proporcionando herramientas de autoanálisis.

Los padres deben trazar su plan de vida familiar, analizar qué tipo de hijos le quieren entregar al mundo y, en base a esto, educarlos.

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