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Dulces ¿desveladas?

Además de sentirnos cansados, los trastornos del sueño ocasionan graves estragos en nuestra salud

Dulces ¿desveladas?

Dulces ¿desveladas?

Por María Elena Holguín

Los seres humanos transcurrimos en promedio un tercio de nuestras vidas en estado inconsciente gracias al sueño, lo que nos permite establecer un equilibrio psicofísico para funcionar adecuadamente durante la vigilia.

Pero cuando este proceso restaurador del organismo se ve alterado, nos enfrentamos a una serie de trastornos que aunque en la mayoría de los casos ni siquiera se identifican, constituyen un problema de salud pública por los efectos de sus manifestaciones clínicas -hipersomnolencia diurna- , que van desde la falta de concentración, accidentes de tránsito o en la casa, ausentismo laboral entre otros.

La apnea del sueño, conjunto de alteraciones de mayor repercusión médica por todas las complicaciones que conlleva, suele ser el motivo de ingreso hospitalario de pacientes con arritmias cardiacas, infartos, embolias cerebrales e hipertensión arterial, todas estas provocadas por un mal dormir que se ha vuelto crónico al paso de los años.

Trastornos de consecuencia menor, como el insomnio o el síndrome de las piernas inquietas, suelen también desequilibrar el ciclo vigilia-sueño de manera importante a un significativo número de personas.

La función del sueño

Mientras que hasta la primera mitad del siglo XX se suponía que el sueño era sólo un proceso pasivo que se producía por una disminución de la actividad cerebral, hoy sabemos que es una condición de gran actividad en la que se producen cambios hormonales, metabólicos, térmicos y de la actividad mental, todo lo cual nos da ese equilibrio para funcionar día con día.

A través de sus diferentes etapas o tipos, el sueño tiene una función restauradora en la que se recuperan las energías consumidas durante el día; se sintetizan las proteínas en el sistema nervioso central y conserva la energía que se empleará al día siguiente.

Otras funciones más complejas consisten en procesar la información obtenida durante la vigilia. Se dice que algunos estados del sueño organizan los sistemas que tienen que ver con un estado del humor optimista y confianza en uno mismo; en la atención y memoria y la adaptación de los procesos emocionales al medio ambiente.

En cuanto a la necesidad de sueño podemos mencionar que ésta es en función de la edad: mientras que un bebé requiere de hasta 16 horas al día, los adultos necesitamos de cinco a seis horas para responder a las funciones básicas de supervivencia, pero hasta ocho horas para sentirnos mejor y tener mayor calidad de vida.

La situación en México

México es un país con alta incidencia en trastornos del sueño, con una prevalencia del cuatro por ciento en varones y del dos por ciento en mujeres, de acuerdo a datos de la Clínica del Sueño del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Especialistas del IMSS señalan que la situación es preocupante, ya que sólo el uno por ciento de los casos de trastornos del sueño es tratado de manera adecuada, el 10 por ciento son diagnosticados y el resto de los afectados desconocen que tienen una alteración en el dormir.

Además de que las personas con problemas para dormir, por lo regular restan importancia a esto y acuden a solicitar atención médica por otros motivos, no por el hecho de tener dificultad para conciliar el sueño.

Cabe destacar, que los trastornos del sueño son más comunes en hombres que en mujeres, debido a que por la noche, la producción de testosterona interfiere en cierto grado, en la respiración, por lo que son más susceptibles a presentar patologías como la apnea del sueño.

Apnea del sueño

Se caracteriza por episodios en los que el paciente interrumpe la respiración hasta por 20 segundos mientras duerme, en una frecuencia de hasta 20 de estos episodios por hora. Los ronquidos y un despertar brusco son las principales manifestaciones, ésta última producida tras la sensación de ahogamiento.

La apnea del sueño afecta principalmente a las personas obesas (principal factor de riesgo para su aparición) y se produce por una laringe afectada anatómicamente o bien, cuando el centro respiratorio ha sido alcanzado por algunos padecimientos infecciosos como la meningitis.

Debido a que la oxigenación es deficiente, se acumulan altos niveles de bióxido de carbono en sangre, factor de riesgo para sufrir un paro respiratorio; la tensión pulmonar es alta y a un nivel crónico, se puede producir una falla cardiaca. Las arritmias, infartos y embolias cerebrales constituyen las principales complicaciones de la apnea del sueño.

El diagnóstico de la enfermedad se hace con base en un historial clínico, y se corrobora a través de una polisomnografía, que registra la concentración de oxígeno en sangre, presión arterial, frecuencia cardiaca, esfuerzo y frecuencia respiratoria, mientras el paciente duerme.

El tratamiento debe ser integral, aunque sólo alivia los síntomas pero no es curativo. Éste se aplica de dos formas, mediante ventilación mecánica no invasiva (mascarilla hermética) que regula la oxigenación y el método de ventilación mecánica invasivo, que se aplica en las unidades de cuidados intensivos y consiste en conectar el respirador al paciente a través de un tubo endotraqueal, aunque este procedimiento se aplica con muchas reservas ya que si se emplea por más de siete días, automáticamente debe practicársele una intervención quirúrgica, traqueostomía, para colocar un tubo en la tráquea como vía aérea, lo cual representa otros riesgos.

Aunque algunos otorrinolaringólogos recurren a procesos como la disminución del paladar mediante una operación ambulatoria con láser, o el aumento del maxilar inferior para reducir la obstrucción respiratoria del paciente, éstos no son recomendables puesto que el estándar de oro es el tratamiento mediante la mascarilla de ventilación mecánica no invasiva.

Insomnio

Es uno de los trastornos más comunes y es la incapacidad para conciliar el sueño o permanecer dormido. El estrés, depresión, cambios fisiológicos como el envejecimiento; el consumo de fármacos como hormonas, estimulantes, anti hipertensivos y muchos otros; trastornos neurológicos, cardiovasculares y pulmonares, suelen ser las principales causas.

Mediante exploración física y examen psicológico, debe descartarse cualquier patología que lo esté ocasionando. El tratamiento dependerá de su origen ya que en ocasiones, el insomnio enmascara otros trastornos como la ansiedad o depresión.

Debe evaluarse también la higiene del sueño del paciente, es decir, la ingestión de bebidas alcohólicas o con cafeína durante la noche; los fármacos que toma, ambientes ruidosos mal oxigenados o con temperaturas extremas, así como los hábitos de leer o ver televisión en la cama, los cuales deben corregirse como parte de una solución integral.

Síndrome de piernas inquietas

Es un trastorno neurológico caracterizado por sensaciones desagradables en las piernas y un impulso de movimiento incontrolable mientras se está en descanso.

Su principal característica es sensación de hormigueo en las piernas que puede ser desde irritante hasta dolorosa. Sus causas son desconocidas y muy pocas personas son diagnosticadas, y aunque no es una enfermedad grave, sí deteriora la calidad del sueño y de vida de las personas ya que se presenta durante los periodos de descanso.

El tratamiento está orientado a reducir el estrés y ayudar a la relajación muscular, mientras que en algunos casos los médicos recomiendan a los pacientes baños calientes, ejercicios de estiramiento suaves y masajes, así como algunos medicamentos cuanto la interrupción del sueño por este problema se torna grave.

Un buen descanso

Especialistas de la Clínica del Sueño del IMSS dan las siguientes recomendaciones para poder dormir bien.

Hay que fijar una hora diaria para dormir.

No consumir café, alcohol, tabaco u otras sustancias estimulantes.

Evitar realizar actividades ajenas a dormir en la habitación, tales como: leer, ver televisión o comer.

Realizar ejercicio físico durante el día, para lograr un mejor descanso por la noche.

Eliminar las siestas durante el día y tomar un baño caliente relajante antes de dormir.

Fuentes: Doctor Óscar Hernández García, médico internista y de Terapia Intensiva; Institutos de Salud de Estados Unidos.

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