El desencanto de la realidad
Enamorarse de una persona implica ver atributos en ella que muchas de las ocasiones no posee, incluso habilidades y capacidades que nunca tuvo ni tendrá y sin embargo nosotros le atribuimos por esa mirada de amor con la que la o lo vemos.
Como en todas las relaciones, incluso en las laborales es parte del proceso de vinculación, no sólo le pasa a los enamorados, le pasa al joven que inicia un trabajo, al nuevo inquilino, incluso a los directores técnicos sobre todo en selección mexicana, al principio todo mundo lo quiere y lo acepta, para al final dejarlo como al Chepo de la Torre.
Sin embargo para llegar al amor maduro, es necesario que la persona enamorada, pase a ver a su pareja con virtudes y defectos, es decir que lo conozca como es y no como quiere que sea, para finalmente entrar en una relación madura en la que cada una de las partes tiene sus asegunes y sus grandes virtudes y deciden, sobre todo DECIDEN, comprometerse en una relación.
Hasta aquí todo parece maravilloso y sencillo, el problema estriba en que el amor maduro implica que yo soy responsable de mis actos, que el otro no tiene la culpa, que mi pareja es independiente, que mi felicidad no depende de él o ella, que estar juntos es una decisión y no una coincidencia del destino, que nuestro amor no lo tenía planeado Dios, sino se fue construyendo, que ese hombre ya estaba destinado desde que nació para mí, y que nunca jamás nos vamos a separar. En otras palabras la novela rosa, la película romántica no es cierta y lo que se forma es una relación de adultos independientes siendo cada uno una naranja diferente que se unen y no una media naranja que se junta para dar una sola.
¿Decepcionante? No, maduro. No vaya a pensar usted en el presidente de Venezuela y sus deseos inconscientes de multiplicación, no, lo que intentamos decir es que la relación se le quita todo lo que nos han enseñado que es amor y que simple y sencillamente es una etapa, que es el enamoramiento, donde uno siente que se le va la vida por el otro, que no vive sin ella, que tenemos que hacer todo juntos, pensar lo mismo sobre peña nieto, ser de la misma ideología partidista, pensar que la privatización en Pemex es lo mejor, hasta marchar al zócalo con los maestros del CNTE.
¿Por qué es tan difícil abandonar esta etapa? Porque los sentimientos son más intensos, las peleas siempre tienen final feliz, porque nos juramos amor eterno cuando de eso no tenemos seguridad, porque vemos todo hermoso, porque no existen diferencias, porque somos el uno para el otro, porque no hay nada en este mundo más hermoso que tú.
Se mi querido Lector puentero pensara que este divanero sufrió una decepción y ya no cree en el amor, que la vida sin ella no es lo mismo y que ya extraño a mi esposa que tiene 15 días en el plantón con los maestros en el zócalo, no, lo que se pretende no es decir que el enamoramiento sea malo, para nada, es maravilloso, pero habrá que entender que sólo es una etapa, no toda la vida, y que el amor maduro que es al que se pretende llegar, está rodeado de cosas muy buenas como el compromiso, la decisión, el respeto, la tolerancia a la diferencia, el entendimiento mutuo de las necesidades, la paciencia, y en muchas ocasiones el perdón. Lo que sucede es que como hemos sido bombardeados por novelas, programas basura y poca lectura creemos que el amor solo implica el enamoramiento, y que cuando este se rompe se acabó todo, cuando en realidad apenas empieza o está evolucionando.
Entender que la vida es cambio y pérdida que esa es la constante nos ayudara a ver que las cosas, situaciones o permanencia de las personas no depende de nosotros y que solo somos responsables de nosotros, aunque ello implique saber vivir con nuestra soledad para luego decidir de manera consciente con quien compartirla.
Feliz fin de semana largo.
Twitter @neuromiranda.
Facebook: Toño Miranda, el psicólogo de cabecera.
Siglotv: El diván de Miranda.