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El Pacto no debe morir

JULIO FAESLER

Todos sabemos que México ha visto pasar varios pactos en su historia. Todos diseñados, cual más cual menos, en la necesidad de salvar una situación nacional en crisis.

Los pactos del pasado han servido para controlar factores macroeconómicos: frenar inflación, controlar precios, resolver compromisos financieros que el gobierno confrontaba. Por su amplitud y detalle el Pacto por México suscrito hace un año por los presidentes de los partidos con el Presidente de la República no tiene antecedentes.

Una revisión de los 95 asuntos agrupados en el Pacto bajo cinco rubros generales enumerando compromisos y tareas, confirma el carácter de asuntos pendientes de resolverse y al lado de otros nuevos de alta prioridad que requieren atención inmediata. Se trataba de conjurar el impasse en que el país se hallaba al iniciarse la administración actual debido a la infortunada táctica del PRI, como partido opositor, de dedicarse a lo largo de los últimos seis años a sabotear las iniciativas reformadoras que el gobierno del PAN había propuesto.

El PRI cumplió su promesa, ya anunciada durante la campaña presidencial, de actuar constructivamente y, de llegar al poder, destrabar el desarrollo nacional. Para ello contaba con su partido rémora, el Verde Ecologista. El PRD, por su parte, estaba dispuesto a acompañar al PRI en el Pacto a fin de incluir en la agenda de gobierno sus reivindicaciones pendientes. El Pacto hizo posible una acción convergente hacia temas críticos de la agenda nacional.

Dado este estado de cosas, el PAN podía optar jugar a oposición negativa, lo cual hubiera ido en contra de su visión que desde su fundación en 1939 lo ha inspirado a luchar por los elementos que consideraba benéficos para la nación, sin importar cuál partido encabezara la Presidencia de la República. El PAN estuvo de acuerdo de suscribir el Pacto por México junto con los otros partidos ya que esto sería la puerta para que se aprobaran muchas de sus propuestas sostenidas de años atrás. Un propósito análogo animaba a los otros dos participantes.

En el curso de su corta existencia el Pacto ha ofrecido a sus firmantes la experiencia de desarrollar conceptos compartidos. Cada partido ha encontrado en el Pacto métodos para ceder ganando. A lo largo del año transcurrido las reformas en educación, telecomunicaciones, salud, transparencia financiera-hacendaria y política, han salido adelante, aunque no siempre como cada partido hubiera preferido. Aquí está el secreto de la madurez política que el Pacto ha propiciado.

El camino no ha sido fácil. Todo partido político tiene que justificarse ante sus electores. El acuerdo principal del Pacto, sin embargo, por encima de inmediateces electorales, consiste en profundizar el proceso democrático con base en tres ejes rectores: el fortalecimiento del Estado Mexicano, la democratización de la economía y la política, así como la ampliación y aplicación eficaz de los derechos sociales, y la participación de los ciudadanos como actores fundamentales en el diseño, la ejecución y la evaluación de políticas públicas.

Lo anterior explica por qué el PRD no tendría razón en salirse definitivamente del Pacto por suponer su desacuerdo en lo que se refiere a la reforma energética próxima a discutirse. En efecto, al referirse a ésta, el Pacto dice "que los hidrocarburos sigan siendo propiedad de la nación…que haya reglas de gobierno corporativo y de transparencia…sin privatizar a Pemex…".

Se verá pues, que sólo el PRD podría válidamente desligarse del Pacto, si se pretendiese una reforma energética que contrariara los términos que el propio PRD convino al suscribir el Pacto.

Las finalidades expresadas en el preámbulo del Pacto son las que hacen de este documento un paso con posibilidades históricas hacia la concertación de acuerdos que vayan más allá de su actual dimensión. Si consolidamos la práctica de sumar esfuerzos, encontrar en sus resultados razones para proseguir hacia metas cada vez más cercanas a las necesidades populares, podremos construir consejos económico-sociales como los que hay en otros países. El Pacto se ha perfilado como otra oportunidad, de las muchas que están a la vista, para avanzar. No hay que debilitarlo.

juliofelipefaesler@yahoo.com

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