El Síndrome de Esquilo
De vez en cuando practico el buceo de biblioteca, es decir, hurgo en mis estantes en busca de algún libro que lleve tanto tiempo allí que ya me parezca invisible. Hacerlo es una magnífica forma de atraer ideas nuevas. Esta semana el libro elegido fue "Un caso de violación" (Random House Mondadori, 1997) décima novela escrita por uno de los grandes autores del género policiaco: Chester Himes. Confieso que si bien esperaba una novela con fuertes dosis de misterio, el libro hizo polvo mis expectativas y confirmó que hay novelas a las que les queda chico el costal del policiaco, pues son joyas literarias a secas, sin apellidos ni envolturas.
"Un caso de violación" no es una novela comercial, de ésas en las que el mayordomo es el asesino. Tampoco es un enigma para intelectuales, lleno de laberintos lógicos y datos complicados. Es una novela profundamente humana, que se lee en una mañana porque una vez que uno comienza ya no puede detenerse. A pesar de que fue escrita en 1957 y fue publicada en Francia en 1963, "Un caso de violación" sólo apareció en Estados Unidos hasta 1984. La razón es que toca fibras sensibles en la sociedad norteamericana: el racismo, los prejuicios, la doble moral. Hoy es mucho más fácil conseguirla, pues además de que existen muchas ediciones en papel, se puede descargar en la red en ediciones electrónicas en inglés y en español (en otras editoriales la traducción del título ha sido sencillamente "Violación").
Por supuesto, el autor sabía bien lo que hacía al sacar a la luz los tabús sexuales y raciales: afroamericano nacido en Missouri en 1909, estuvo preso al menos dos veces por robo. Fue precisamente en prisión donde Chester Himes comenzó a escribir, agobiado por las preguntas que le salían al paso respecto a la esencia humana. La anécdota que da origen a la novela es la siguiente: Elizabeth Hancock, norteamericana blanca que vive en París, es vista en un café de esa ciudad con otro norteamericano, Scott Hamilton, que es negro. Luego de charlar un rato, la mujer decide acompañar a Hamilton a su hotel. Más tarde llegan a la habitación otros tres individuos (todos afroamericanos) y se escuchan ruidos extraños. Desde la habitación de enfrente, dos testigos observan que los cuatro hombres discuten con la mujer y le jalonean la ropa. Aunque no entienden bien qué está ocurriendo, pues los testigos son franceses y los hombres hablan en inglés, llaman a la policía. Cuando llega la patrulla, la señora Hancock ha muerto. La autopsia revela que la causa de la muerte fue una sobredosis de cantárida, afrodisíaco mejor conocido como "mosca española". Los tres hombres son acusados de asesinato y violación, pues la autopsia confirma que la señora Himes sostuvo relaciones varias veces en las horas que precedieron a su muerte.
Hasta allí todo parece indicar que estamos frente a un caso sencillo, y aún nosotros como lectores nos apresuramos a levantar el dedo acusador. Pero entonces Himes nos hace ver lo poderosos que son los prejuicios de cualquier índole. Los testigos vemos muchas veces lo que queremos ver o lo que la sociedad nos exige que veamos. Confundimos los hechos con las interpretaciones.
Chester Himes logra convencernos sin sermones, tan sólo haciéndonos escuchar la misma historia contada desde diferentes perspectivas, y sugiriendo preguntas clave: ¿De qué hablaban las cinco personas que estaban en la habitación del señor Scott? ¿Por qué aceptó la señora Hancock reunirse con ellos? ¿Cuál era el pasado de cada una de las personas que estaban allí, incluida la víctima? ¿Hasta qué punto influyen nuestros intereses, nuestros temores y nuestras expectativas en nuestra visión del mundo? En esencia, el objetivo de novelas como "Un caso de violación" apuntan a recordarnos que la realidad es una, pero sus lecturas pueden ser infinitas.
Twitter: @vicente_alfonso