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Emilio 'El Indio' Fernández

GILBERTO SERNA RAMÍREZ

Los recuerdos se agolpan súbitamente llevándome de la mano a un pasado en que aún vivía mis años de una relativa juventud cuando las fuerzas de mis piernas para subir las escaleras todavía no me abandonaban. Los juzgados del ramo penal estaban instalados en el edificio construido en la esquina de bulevar Revolución y Calzada Colón. Ahí había locutorios en que los reclusos tenían acceso a los jueces con rejas de por medio. En esa área había alcobas para que los presos recibieran a las señoras. Desde esos años, los setentas, durante las noches, una parte de los reos dormían en el piso sin más colchón que su propia humanidad para ser sacados al día siguiente a la fajina por las calles de la ciudad donde daba lástima verlos pedir a los transeúntes para un taco, pues decían que el alcaide en la prisión solía quedarse con el dinero destinado a la compra de comestibles. Las comidas eran frijoles acedos, que se servían a mañana, tarde y noche, condumio que era igual al de los días festivos.

Por esos días arribó a la Comarca Lagunera un personaje de la farándula fílmica, bajó las escalerillas de una aeronave DC4 con el estilo peculiar del general "sí, pues" vino a este páramo que es Coahuila a buscar locaciones. Se dice que él mismo se forjó la fama de violento que con un gran talento interpretaba en las películas vestido de charro, hasta que no supo distinguir, bajo los efluvios de los tequilas, la realidad de la ficción. Había convocado al entonces reportero Miguel Ángel Ruelas, de El Siglo de Torreón, muy temprano para viajar a Viesca y seguir luego hasta llegar a la Hacienda de Hornos, donde se encontraba en aquel entonces un campamento de gitanos. Con los que el actor convivió hasta que se apareció un individuo en total estado de ebriedad y disparando a diestra y siniestra pretendiendo en su borrachera liquidar al 'Indio' Fernández, contra el que lanzaba denuestos y afrentas. Éste sacó su revólver y disparó. Justo como se estuviera filmando una película de acción. Lo que sucedió después es historia.

Estos hechos es obvio que quedaron atrás y si ahora los traemos a colación es porque está por brindarse un homenaje al artífice y protagonista de la época de oro del cine mexicano. Los restos hubieron de ser inhumados en un panteón pues murió 27 años atrás, haciéndose ahora la exhumación pues el actor antes de morir había expresado que su última voluntad era descansar en casa; para ello sus restos fueron cremados y entregadas sus cenizas en una urna a sus familiares, por lo que el hombre que dejó un legado cultural invaluable, a través de su filmografía, se encuentra nuevamente en su casa La Fortaleza de Coyoacán, iniciándose un homenaje nacional a quien trabajó por poner la cultura mexicana en lo más alto a través de su filmografía. Todo lo anterior a 27 años de su fallecimiento.

En la casa se construyó una estela mausoleo de cantera gris que resguarda sus cenizas. En esa casa se filmaron más de 100 películas. Su estilo peculiar lo dejó reflejado en muchas cintas que le dieron la fama mundial de que hoy goza. Ahí existe un balcón que da a un callejón al que nombró como Dulce Olivia, atribuido al amor que le profesaba a la actriz Olivia de Havilland. Es una casona que es suficiente con decir que fue edificada sobre lo que era el cementerio de Santa Catarina para imaginar lo que podríamos sentir de sólo pensar en pasar una noche en una de sus habitaciones. Bien, uno de los guías que hace años nos acompañó en una visita en que la curiosidad nos llevó a allí nos explicaba al mostrarnos los rincones de la casa de ensueño que las personas que pasan la noche en sus habitaciones suelen tener muchos dejá_vú, es decir, la viva sensación de haber vivido anteriormente una situación que se está experimentando por primera vez.

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