Los cambios en los medios audiovisuales
Con bombo y platillo, porque para eso los políticos están que ni mandados a hacer, se ha anunciado, entre otras cosas, la nueva oportunidad que se da para acceder a nuevas cadenas de televisión nacional, dos para ser preciso, por parte de los mexicanos, lo que significará una competencia para las televisoras ya existentes y que a lo largo del tiempo se han convertido en el duopolio, o tripolio, si contamos a Multimedios, dándole a consumir a los mexicanos el producto que ya se sabe. Lo que extraña es que los dueños de los medios actuales se hayan sentido complacidos con tal determinación, lo cual hace sospechar el plan con maña.
No cantemos victoria; esperemos el resultado de los acontecimientos que el asunto se puede convertir en más de lo mismo, porque el discurso, para aquellos que analizan los discursos, no dejan de referirse al simple plano económico y a la acumulación de poder, dejando a un lado, por ser lo que menos interesa, el impacto cultural, que como siempre, eso de la cultura no encuentran con qué se coma.
El pueblo, nuestro pueblo, es el que se queda como los chinitos, nada más mirando, y ve lo que le dejan ver. Los dueños de las televisoras dicen que ellos son inversionistas privados y no tienen por qué preocuparse por las calidades culturales de la nación; como dueños pueden poner en la programación lo que ellos quieran porque en eso consiste el capitalismo, el liberalismo; lo mismo dirán los que venden comida chatarra que a ellos no les interesa la nutrición de la niñez y que como ciudadanos libres pueden vender el exceso de grasa, de peso, de azúcar, de insalubridad que hace al ciudadano gordo cachetón y enfermizo.
Siempre ha sido así, dejar hacer dejar pasar, yo me hago millonario, al pueblo le doy lo que pida y pide lo que no conoce porque lo que no conoce no se lo doy a conocer, ya que no conviene a los intereses personales de una pequeña oligarquía que ha reducido a los medios de comunicación en una maquinita de hacer billetes y nada más.
Los medios no son el espejo que refleja la cultura nacional, porque siguiendo los lineamientos que una vez Wilbur Schramm propuso desde la UNESCO, el modelo de vida es el de nuestros vecinos del norte, el paraíso terrenal. Difícilmente los medios te presentan personajes con características autóctonas, o elementos culturales, como la música de diversas regiones del país. Dicen que eso no pertenece a naciones desarrolladas, según los planes de desarrollo que los estadounidenses tienen planteado para los países del tercer mundo. El mexicano desconoce sus riquezas culturales como la artesanía y mucho menos la consume, porque lo in es el plástico, el desperdicio; y si tienes modo, a lo mejor el Lladró o lo que venga del extranjero, porque lo verdaderamente nacional es naco.
Desconoce el mexicano su territorio, las maravillas geográficas de todos tipos, el que alguna vez habla de eso es un gringo en nuestro país; a México no sólo la componen las playas, también los bosques y las barrancas, las caídas de aguas y aunque haya pocos ríos también sus ríos. Pero a México lo conforman sus hombres: escritores, músicos, pintores, artistas de todos tipos, sus trabajadores. Pero si ni siquiera conocemos nuestra historia prehispánica, que podemos esperar.
Los medios, aunque no quieran, son los mejores educadores. Claro que educan , según sus intereses, son los verdaderos educadores del pueblo mexicano, que aprende a vestir como el medio le indica, a comer como le dice la tele, a cantar, a bailar, a amar, a comportarse, a tener los valores que la industria cultural le presenta; por eso todo el día se habla de futbol; si la ley va a seguir permitiendo que siga sucediendo lo mismo, entonces en realidad no se habrá ganado nada porque el pueblo mexicano seguirá sufriendo las malas políticas comunicativas nacionales.
El mexicano no ha sabido qué hacer con la cultura, sobre todo con su cultura. Si todo se va a reducir a repartir el pastel entre los pudientes, aquí no ha pasado nada. Habremos de seguir rascándonos con nuestras propias uñas como hasta ahora, consumiendo la cultura chatarra que nos enorgullecemos de producir.