Las pinzas que nos atrapan a los ciudadanos que lo único que deseamos es sobrevivir, porque ahora los deseos no pueden llegar más lejos que a la sobrevivencia, tienen en uno de sus lados la izquierda que supone la buena intención de repartir los panes y los peces a todos por igual como un acto de justicia, no importando que sus buenas intenciones sean un sueño imposible nunca realizado ni nunca realizable por la misma condición humana; y el otro lado de la pinza, nos presenta a la derecha, con el dejar hacer y el dejar pasar, la ley del más fuerte, la teoría del superhombre de Nietzsche, que debe de negarse la compasión hacia los demás o cualquier tipo de acto humanitario.
El blanco y el negro sin la gama de los grises; para mi gusto, en los dos extremos se busca un beneficio personal. Aunque la izquierda clame por el derecho de los pobres, hasta ahora no se ha visto que éstos superen su condición y se tiendan los caminos hacia la superación, o por lo menos que se achiquen las cantidades de las personas a las que podemos llamar pobres en esta nación; por el contrario, éstas se han acrecentado, lo cual significa que no se les ha solucionado el problema. Lo que ha proliferado son los partidos de izquierda, y esto debido a que son muchos los líderes que quieren encabezar los movimientos y pocos los que se supeditan a un fin común, sabiendo que la unidad es lo único que puede lograr el éxito de las iniciativas. El hombre es el hombre, la vanidad es la vanidad y la soberbia ídem. Cuando te sientes iluminado, deseas pasar a la historia cual héroe, entonces no vas a apoyar a otro, sino vas a exigir el ser apoyado porque solamente de ti ha de brotar la verdad. Si el grito había sido: La izquierda unida, ya lo vemos que en nuestro país eso ha pasado a segundo término.
Por el otro lado, la derecha insiste en diferenciar a los hombres: aquellos que viven en la abundancia y aquellos que se mueren de hambre. El pensamiento de los locos quieren hacernos creer que hay estirpes que están por encima de los demás seres humanos y que el poder y el dinero establece la diferencia como antes se quería establecer por la nobleza o la pertenencia a una familia, siendo que la historia nos demuestra que la trayectoria de los grandes millonarios y de muchos de los miembros de las familias nobles dejaron mucho que desear en sus acciones. Muchos millones se han hecho con sangre, y muchos países han vivido en el hambre, mientras que sus líderes se dedicaban de disfrutar de la abundancia. Es el contraste que ha presentado la humanidad. Aún resuenan las palabras de María Antonieta cuando le explicaron la inconformidad del pueblo: ¡Que coman bizcochos!
Si la izquierda ha de llegar a la dictadura férrea tipo Stalin o tipo Mao, para intentar repartir la riqueza o la pobreza, como se quiera, y ello significa sacrificar la libertad, o aceptar, como dicen algunos filósofos, que ésta no existe, o que la única existente es la de morirte de hambre, ¿está la humanidad dispuesta al sacrificio para llegar al paraíso terrenal que a pesar de los años de experimento no se ha logrado en ninguna parte? Algunos países socialistas han virado hacia el capitalismo, y los que insisten en permanecer dentro del socialismo no se ha visto que prosperen. ¿Es menos la pobreza en esos países que en el nuestro? ¿Qué han provocado aquellos que han repartido a manos llenas lo del pueblo? ¿Se acuerdan de Echeverría y López Portillo? Las peores devaluaciones, tu hambre y mi hambre; si fresco nos queda el gobierno de la gente y el todo de la gente que nos ha convertido en uno de los estados más endeudados de México.
Y la derecha qué nos ofrece: la maquila insegura que no hemos podido retener. Producir a los grandes millonarios que, como en los países asiáticos, lucen sus lujos ante los ojos de quienes viven en la más espantosa miseria. Producir al hombre más rico del mundo no nos ha allanado el camino hacia la estabilidad económica, ni a la producción de empleo ni nada que se le parezca. En un país donde la corrupción es el único pan que tenemos, la seguridad de comer todos los días, nos ha hecho desconfiados. ¿Nos vamos a jugar el petróleo en la ruleta de la corrupción?
Yo no veo claro y dudo que alguien lo vea. El negocio de la demagogia ha resultado en un país como el nuestro donde se ha perdido toda credibilidad. ¿Qué intereses se defienden? ¿Quién los defiende? Izquierda derecha, arriba, abajo, son sólo palabras huecas sin sentido. Es momento de hacer nuevas proposiciones para salir adelante.