Disciplina, esfuerzo, voluntad y algo más
“Si no estás en gran bonanza, no busques hijo mujer, el pobre ha de mantener solamente la esperanza.” Antonio Plaza.
Nuestro México querido, actualmente sufre un tipo de letargo que poco a poco nos arrastra a un futuro nada promisorio, no solamente en materia económica, falta de trabajo, inseguridad, corrupción sino particularmente en valores morales.
Por una parte, es lamentable que muchos de nuestros jóvenes, sobre todo estudiantes, que se supone son el futuro del país, se vean involucrados en actividades fuera de la ley, pensando que esto les traerá una vida cómoda y fácil, un aparente triunfo, sin saber que en la mayoría de los casos, terminan por perder la vida y donde el país posiblemente así pierde algunos de sus mejores ciudadanos.
Otro grave problema es en relación con los jóvenes y jovencitas de 16 y 17 años, y hasta menos, que seducidos por tanta publicidad de tipo sexual a través de las televisoras, revistas pornográficas e Internet, caen en la tentación de tener relaciones íntimas trayendo como consecuencia un indeseado embarazo. Lo cual les impide continuar con sus estudios, salvo en algunos casos aislados en que los padres o abuelos les apoyan para su terminación o bien por motivos sociales o familiares, los unen en matrimonio. Sin tener los recursos económicos para mantenerse como pareja, lo que deriva en fracaso y un grave problema familiar y social.
Si bien es cierto que el gobierno y algunas asociaciones civiles, promueven la estimulación de los adolescentes, la obligación originalmente radica en los padres de familia, pues los problemas surgen por ejemplo, al no limitarles la llegada al hogar, al no saber qué tipo de amistades frecuentan, al no estar al pendiente de que hagan sus tareas y solicitar sus calificaciones, etc.
Sobre todo es indispensable que los padres tengan estrecha relación con sus hijos o hijas, para que los orienten en temas morales y hasta religiosos, que les evite creer que la vida es tan fácil, que no todo es holgura y placer, animarlos a la superación personal, sin temor al fracaso, que para triunfar se requiere disciplina, esfuerzo, voluntad y algo más.
Feliciano Hernández Galarza,
Ciudad Lerdo, Durango.
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‘Sana locura’
El Papa lo ha afirmado una y otra vez estos días. Sobran cristianos de salón, cristianos tibios, decía hace más de una semana con la espontaneidad de sus homilías diarias en la residencia de Santa Marta.
Desde el inicio de su pontificado Francisco ha insistido en el ejemplo de los primeros cristianos, a menudo simples bautizados que tenían el coraje de salir a la calle a anunciar a Jesucristo. Esto es lo que el Papa pide hoy: un poco de “sana locura”, cristianos que remueven las conciencias, también dentro de la Iglesia, donde a menudo las cosas están demasiado tranquilas, acomodadas, sin la tensión espiritual que debe caracterizar la vida cristiana. Pero nada de esto nace del voluntarismo. En las últimas semanas el Papa ha ofrecido una especie de catequesis intensiva sobre el Espíritu Santo, el gran desconocido para muchos cristianos. Sólo la apertura a su presencia permite que la fe dirija toda nuestra existencia y ofrezcamos un testimonio alegre y convincente ante el mundo, sin esa cara avinagrada y melancólica, más propia de los cristianos de salón.
Jesús Domingo Martínez
Ciudadano de Torreón