Antonio Irazoqui, hombre justo, sencillo
Fueron muchas las oportunidades que tuvimos para platicar con él, tópicos diversos y en lo general asuntos del periódico, en los cuales por corresponder a mis servicios a El Siglo de Torreón los abordábamos con ese tono amable, sencillo y muy respetuoso.
JUSTO.- En las ocasiones en que algún trabajador era sorprendido en acciones deshonestas, que implicaba la intervención del abogado, era común su recomendación: “no se les olvide que esa persona es su compañero de trabajo”.
El mensaje era claro, ¿cuál pudo haber sido el pecado cometido por ese empleado que no diera lugar y cabida a la comprensión y frenar cualquier intento de acabarlo? La actitud del director, no cabe duda, era un acto justo, sabio.
SENCILLO.- Era dable en él reunirse a cenar en la planta alta del edificio, cuando por conducto del Lic. Miguel Ángel Ruelas, Gerente General entonces, nos corría la invitación al equipo del abogado, refiriéndose a Ruelas. Contagiaba con sus conversaciones y disfrutaba del momento, era la ocasión para preguntarle cuál habría sido su mejor reseña de Nauyaca, la columna era motivo para que un agente aduanal de Ciudad Juárez, Chihuahua, buscara allegarse el diario.
RESPETUOSO.- Tenía el encargo de revisar las cartas abiertas, desplegados y otros, con el propósito de que su redacción no tuviera términos o expresiones que dañaran a terceros y desde luego mantener la seriedad del periódico en sus publicaciones.
En cierta ocasión, el gran amigo y columnista colaborador por muchos años de El Siglo con sus columnas “Cápsulas Informativas”, “Temas de Fondo” y otras, el doctor Guillermo Batarse (ya fallecido) hizo encargo por aquello de las ocho de la noche al jefe de redacción de publicar un desplegado dirigido a una institución bancaria.
En ese horario se me hizo saber su contenido, disponiendo que sólo se le hicieran algunas modificaciones para ser autorizado.
A esa hora, el jefe de redacción estimó llamar al director, don Antonio Irazoqui, para comentarle sobre esta publicación, quien al atenderlo le preguntó si ya había sido revisado el contenido por el Lic. López Domínguez, asintiendo el redactor para luego recibir indicación del señor director: “Por favor hable con el licenciado López y dígale que por tratarse de que Memo es un colaborador, personalmente le llame y le explique las modificaciones que propone”.
El mensaje es nítido, el licenciado Irazoqui era respetuoso, sabía darle su lugar a las personas, en este caso a los colaboradores del diario, una distinción que la mayoría de las veces se gana a pulso.
Veintidós años en el diario han sido una gran experiencia y una oportunidad sin igual compartirlos con un gran personaje, el licenciado José Antonio Irazoqui y de Juambelz.
J. Guadalupe López Domínguez,
Torreón, Coahuila.