La responsabilidad de padres y abuelos en la transmisión del respeto a la vida humana
Ante la cultura del descarte, que relativiza el valor de la vida humana, el Obispo de Roma alienta a los padres a transmitir a los hijos la conciencia de que la vida debe ser defendida siempre, en todas sus etapas como don de Dios y garantía del futuro de la humanidad.
No debemos olvidar que los padres han de ser los primeros colaboradores de Dios, en la orientación fundamental de la existencia, garantía de un buen futuro. “Por eso, es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen el crecimiento en la fe de los hijos”, añade el Santo Padre, como escribió en su Encíclica Lumen Fidei (n. 53)
Más adelante, el Papa reitera que “los padres están llamados a transmitir, con las palabras y sobre todo con sus obras, las verdades fundamentales sobre la vida y el amor humano, que reciben un luz nueva de la Revelación de Dios”.
“En particular, ante la cultura del descarte, que relativiza el valor de la vida humana, los padres están llamados a transmitir a los hijos la conciencia de que la vida debe ser defendida siempre, ya desde el vientre materno, reconociendo que es un don de Dios y garantía del futuro de la humanidad”, hace hincapié el Papa. Y recuerda en este contexto “el cuidado que se debe brindar a los ancianos, en especial a los abuelos, que son la memoria viva de un pueblo y transmiten la sabiduría de la vida”.
Pedro J. Piqueras Ibáñez,
Girona, España.
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Fe y violencia son incompatibles
El Papa Francisco, recordó hace unos días durante el rezo del Ángelus, que “el Evangelio no autoriza de hecho el uso de la fuerza para difundir la fe” y advierte de que “fe y violencia son incompatibles”. De hecho, ha señalado que “la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia”.
Añadió que “no es que Jesús quiera dividir entre ellos a los hombres, al contrario: Jesús es nuestra paz, ¡es reconciliación! Pero esta paz no es neutralidad, no es acuerdo a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y escoger el bien, la verdad, la justicia, también cuando ello requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto divide, lo sabemos, divide también los lazos más estrechos. Pero atención: ¡no es Jesús el que divide! Él pone el criterio: vivir para sí mismo, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es “signo de contradicción” (Lc 2,34).
Francisco ha explicado que estas palabras quieren decir que la fe “no es algo decorativo, ornamental”, sino que “significa elegir a Dios como criterio base de la vida”. “Después que Jesús ha venido al mundo no podemos hacer como si no conociésemos a Dios y Dios no es neutro, Dios es amor”, ha apostillado.
Enric Barrull Casals,
Girona, España.