De pronto, los celulares comenzaron a fallar y las comunicaciones se entorpecieron. De inmediato, comenzamos a verificar si la falla era general o particular. Todo estaba fallando. ¿Qué estaba pasando?
La explicación fue simple: un meteorito pasó muy cerca de la Tierra y alteró los sistemas de comunicación.
¡Cuánta fragilidad! Estamos totalmente indefensos frente a las fuerzas de la naturaleza, ya sean éstas un meteorito o una explosión solar; el cuento es que nos desconectan del mundo y éste se detiene.
Igual sensación generó el tornado de Oklahoma. Muerte y destrucción en unos cuantos minutos y no hay manera inmediata de evadirlos.
Parecería que presenciábamos el cuento de los tres cochinitos: llegó el lobo y sopló y sopló y todo lo destruyó, porque son casas de cartón, como todo lo norteamericano, falso y desechable. Hasta los seres humanos son desechables en esa sociedad consumista.
Ante la más mínima falla, el americano tira lo que sea. Un refrigerador, una sala o una computadora, porque es más fácil comprar otra que mandarla reparar.
Pero lo mismo hacen con los seres humanos, también los desechan cuando ya no les sirven. Y se deshacen de ellos en la forma legal que mejor conocen: la guerra. ¿Quiénes son los primeros que van a esas batallas? Los latinos y los afroamericanos.
Pero, frente a las fuerzas de la naturaleza no somos nada. El agua, el fuego, el viento y la tierra acabarán con nosotros a final de cuentas.
Jamás acabaremos nosotros con el mundo. Es éste el que acabará con nosotros.
Dependemos tanto de la tecnología, que un fenómeno natural como el comentado nos saca del mundo.
Simplemente, aquel atractivo ejercicio de elaborar líneas como estas y llevarlas al periódico, fue suplida por la transmisión a distancia vía la Internet.
Ahora ya no va uno al periódico si no es por un motivo diverso al de entregar un artículo.
Pero, como lo he dicho en otros momentos, el acudir al diario era una práctica muy interesante, porque intercambiabas ideas y comentabas temas. Olías la tinta y salías impregnado de ese aroma que exacerba los sentidos y echa a volar la imaginación.
Pero la tecnología nos envuelve y condiciona. Y sobre todo nos vuelve dependientes. Lo cierto es que nos asombra y atemorizan las fuerzas de la naturaleza, pero no hemos aprendido a respetarla.
Y por si lo anterior fuese poco, el volcán Popocatépetl cada día parece más nervioso y amenaza con una verdadera catástrofe en sus alrededores.
Todas esas fuerzas de la naturaleza y los fenómenos naturales nos colocan en un estado de indefensión, pues no hay forma de evitar que alguno de ellos nos alcance.
Y aún así nos creemos los reyes de la creación, cuando la verdadera reina es la Tierra, que a pesar de todo lo que le hacemos, nos sigue dando sus frutos para que podamos vivir.
Cuándo aprenderemos a cuidarla adecuadamente. La explotamos indiscriminadamente, la saqueamos, la maltratamos y con todo y todo, nos sigue dando sus frutos.
La semana entrante se habrá de inaugurar en nuestra ciudad un parque urbano. Esperamos que éste sí lo cuidemos, pues junto con el bosque serán los únicos parques con que cuente Torreón.
Nada nos cuesta cuidarlo y hacer buen uso de él para que nos proporcione oxígeno, ese oxígeno que tanta falta le hace a la ciudad, en la que cada día son menos los espacios libres de asfalto.
Agradezcámosle a la Tierra todo cuanto nos ha dado y podremos disfrutarla todos los días de nuestra vida. De lo contrario, moriremos nosotros antes que ella.
Por lo demás: "Hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te guarde en la palma de Su mano".