EDITORIAL Caricatura editorial Columnas Editorial

Himno de la Alegría

A la ciudadanía

MANUEL VALENCIA CASTRO

Cuando era alumno de secundaria una de mis maestras de literatura nos narró de una forma por demás amena, el ambiente en el que se había escrito La Oda a la Alegría (Odean die Freude), más conocida por nosotros como el Himno de la Alegría. Durante la narración hubo un momento en el que logró tocar mi imaginación y en automático, me transporté a la escena que se estaba describiendo. Aun ahora, recuerdo con mucha claridad aquella serie de imágenes que se desarrollaban en una habitación grande y austera iluminada por una vela que se encontraba arriba de una vieja mesa de madera; la luz de la vela iluminaba el frente de una persona que se afanaba sobre un pergamino hecho de piel de oveja, su escritura la revisaba a cada rato, poniéndola sobre la vela, la piel translúcida hacía visibles las palabras escritas y el rostro de aquel viejo se iluminaba de tal modo que parecía que la luz provenía desde adentro. Afuera, no muy lejos de donde se encontraba el escritor, los estruendos de una batalla se escuchaban sin parar, pero el escritor seguía concentrado en su composición sobre la alegría, la hermandad y el amor fraternal.

El estímulo de mi imaginación se debió a una cita de la maestra en la que destacaba la capacidad del escritor para enrolarse en una obra de gran contenido humanista en momentos belicosos e inciertos.

Pero las cosas evidentemente no ocurrieron de esta manera. Fue mi imaginación y la exageración de la maestra las que crearon un episodio único pero sesgado de lo que probablemente ocurrió.

Cuando uno de los compañeros le preguntó a nuestra maestra de literatura por el autor del Himno de la Alegría, la maestra alzó la vista al techo del salón y luego con un poco de duda pero con rapidez para despistarla dijo: Goethe. Bendita equivocación, todos lo creímos obviamente y en algunos, como fue mi caso, despertó la curiosidad por el famoso dramaturgo, novelita y poeta alemán.

Hay una especie de conspiración contra el autor de la Oda a la Alegría, porque por otro lado, cuando se habla de ella o mejor aun cuando la escuchamos, inevitablemente pensamos en otro genio de la música: en Beethoven, quien conoció la obra cuando tenía 22 años, siete años después de que había sido escrita, y enseguida quiso musicalizar el texto, intención que terminaría, algunos años después, en la bellísima Novena y última sinfonía en RE Menor, Op. 125 cuyo movimiento final es para coro y solistas sobre la versión definitiva de la Oda a la Alegría.

Federico Schiller fue un poeta, dramaturgo, filosofo e historiador alemán que junto con Goethe, es considerado el dramaturgo más importante de Alemania. Cuando escribió la Oda a la Alegría no se encontraba en un ambiente belicoso, aunque si en un estado financiero deplorable pasando algunas penurias económicas. No obstante, el ambiente era revolucionario y en Francia soplaban los vientos de libertad y la caída del absolutismo. Por eso, la Oda de la Alegría es la pieza musical que ha pasado a ser el Himno Europeo, que se toca igual o junto con la Marsellesa.

En estos días, los de hoy, en los que las felicitaciones llegan y regresan, me llegó una de un buen amigo, con un archivo adjunto, se trata de una versión muy original de la Oda de la Alegría en la que se va construyendo, valga el término, en forma gradual y acompasado el movimiento final para coro de la Novena Sinfonía. Todo ocurre en una plaza pública de ésas que abundan en Europa y que se encontraba repleta de gente. Un señor elegantemente vestido se encuentra parado con su contrabajo de 1.80 metros en el centro de la plaza, su sombrero se encuentra abajo en el piso en posición de recibir cooperación, cuando una niña deposita una moneda en el sombrero el del contrabajo empieza a tocar los primeros acordes del movimiento final de la Novena, sin darnos cuenta aparece una silla en la que se sienta una señora con su violonchelo y se incorpora a la interpretación junto con un solitario oboe, después una familia de violines y violas se une al concierto, los celulares empiezan a salir de todas partes para filmar lo que está ocurriendo y la gente se acomoda formando un círculo, de algún lado sale un joven de camisa rayada que empieza a dirigir la orquesta, luego llega una pandilla de aerófonos de madera y metal, y corriendo se incorpora la percusión de los timbales, llegado el momento, un coro con sus respectivas familias, niños en brazos o en los hombros, empieza a cantar la Oda de la Alegría y se llega al punto culminante del concierto con muchas y diversas manifestaciones de complacencia, agradecimiento y alegría de parte del gran auditorio formado por principalmente por familias, por un momento todo se une para formar una comunidad entrelazada por las notas y los acordes de la Novena Sinfonía y la letra de la Oda de la Alegría de Schiller.

A todos mis lectores y no lectores les deseo felices fiestas, feliz Navidad y un próspero año 2014, que esté lleno de bendiciones.

Leer más de EDITORIAL

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 946955

elsiglo.mx