Estás trabajando en una empresa pequeña o mediana y te das cuenta de que por la forma de administrar y de ser de una persona en la gerencia del departamento en el que trabajas, la empresa va en dirección equivocada y, a pesar de ello, el dueño o gerente general piensa que esa persona en la gerencia es la ideal. El escenario anterior es común en todo el mundo, pero más en las empresas mexicanas. ¿Qué harías al respecto? ¿Renunciar y quedarte sin trabajo? ¿Enviar una carta anónima al gerente general? ¿Encarar al gerente y decirle lo equivocado que está? Probablemente el camino más fácil, pero a la vez el menos efectivo, es tolerar la situación y esperar a que todo cambie por arte de magia. Sin embargo, debemos recordar que si no somos parte de la solución, nos convertimos en parte del problema.
En las empresas hay muchas personas que quieren trabajar en armonía con su jefe porque el jefe así lo permite y también hay muchos jefes que sólo quieren entre sus filas a personas que sólo saben decir "sí jefe". Cuando se cruzan en una empresa estos dos tipos de personas, es cuando empiezan los problemas. Existen varios caminos para intentar solucionar una situación en el trabajo como la antes mencionada:
Concertar una reunión en donde participen el gerente, el director general y uno mismo. Durante la reunión, más que hacer acusaciones que pongan tensa la situación, hacer preguntas que permitan a las tres partes entender cuál es el problema a enfrentar. Probablemente lo anterior provoque que el director general vea las cosas desde tu punto de vista y el gerente se vea forzado a modificar su actitud y su forma de trabajo. Esta opción tiene pocas posibilidades de dar frutos ya que por lo general, como lo dice el dicho, el hilo se rompe por lo más delgado, y el hilo más delgado lo representas tú.
Cuando te encuentras en una empresa con una organización nefasta, hay otra opción: una situación extrema, delinear una estrategia para encontrar un trabajo con un mejor puesto en otra empresa. Las posibilidades aquí son menores ya que es de todos conocido que no abunda el trabajo en estos días.
Afrontar esta situación cuando no estamos "bien parados" con el director general es muy arriesgado. Primero que todo debemos crear credibilidad, dar muy buenos resultados, porque por lo general, el director que tolera a este tipo de personas, no le atribuye al gerente el ser la causa de que los empleados renuncien a su trabajo. Sin embargo, si decides afrontarla una vez que has mostrado resultados sobresalientes y has ganado cierto nivel de credibilidad, y si además presentas no sólo el problema, sino también su posible solución indicando acciones específicas, tiempos y los resultados esperados, esto puede hacer que el director general preste atención a los hechos y a la posibilidad de lograr un resultado mejor que el que ha habido hasta la fecha. De cualquier manera, prepara tu plan B en caso de que la reacción del director general sea pensar que estas "haciendo olas" en la empresa y decida despedirte.
Conozco a dos directores generales, uno es muy hábil para los negocios y es un excelente emprendedor, ha llevado a su empresa de la nada a ocupar un lugar de liderazgo a nivel regional. El otro, heredó el negocio de su padre, tiene habilidades para la investigación y las finanzas, pero no es hábil en ventas y atención a los clientes y su negocio está catalogado, cuando mucho, como mediocre. El primero está siempre abierto para las ideas que puedan mejorar el negocio y siempre está enfocado a los clientes, mientras que el segundo titubea mucho para ajustar el status quo para mejorar los resultados de la empresa.
En una empresa como la del segundo caso que mencioné, puede ser que tú estés correcto en tu análisis y en tus planes propuestos para el negocio, pero estás totalmente equivocado en presentárselos a un director general como este. Uno debe estar consciente de que si queremos tomar el riesgo proponiendo mejoras potenciales, puede ser que no sean bien vistas y terminemos caminando hacia la puerta de salida para no volver.
Muchas veces uno mismo se hace la pregunta de si vale la pena enfrentar el riesgo del despido cuando se hace lo posible por tratar de cambiar y mejorar la situación y en el intento uno pelea, "quema puentes" y daña su reputación tratando de hacer que una empresa que ni es nuestra, mejore, y todo por una persona que no se preocupa por ello siendo nuestro jefe. Cuando uno se pregunta lo anterior, puede decidir mejor enfocar esa energía en preservar la salud, evitar el estrés y cuidar la reputación propia buscando un trabajo en otra empresa que valore nuestra experiencia y valor agregado, que tenga un director general que acepte que puede tener puntos ciegos en la organización y que esté abierto a la administración participativa.
Hay una opción más conciliadora: presentar al gerente tóxico una solución a un problema de la empresa que él pueda presentar al director general y ofrecerle ayuda para desarrollarla. Si lo anterior no funciona, entonces se debe confrontar al gerente mostrando hechos irrefutables de que se debe hacer algo para mejorar, con mucha inteligencia emocional y de nuevo ofreciéndole ayuda para resolver todas las situaciones problemáticas de la empresa. Idealmente, uno debe tener aliados dentro de la empresa, sin embargo, de ser necesario, se debe estar preparado para ir solo, además, un buen líder debe siempre estar dispuesto a hacer lo necesario a pesar de que haya riesgo en no obtener los resultados deseados. ¿Qué es lo peor que puede suceder? Perder el trabajo….¿Y qué con eso? Si uno tiene habilidades y conocimientos que el mercado del trabajo demanda, se puede encontrar otro trabajo. El esfuerzo por lograr un mejor status quo en las empresas bien vale la pena de arriesgarse, no vale la pena vivir una vida huyendo siempre de los retos.