Cuando se habla sobre Jimulco, identificado como "El Cañón" por los lugareños que residen en las comunidades de esa zona, y desde 2003 también como la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco por la declaratoria que hizo el Gobierno municipal como área natural protegida, significa referir a sus paisajes con la sierra como rasgo de identidad, al Río Aguanaval, a sus parajes, a la flora y fauna que habita en este reservorio, a los poblados y la gente que conserva sus tradiciones, a sitios de interés histórico; Jimulco es una zona con singularidad propia.
Quizá la mayor parte de los laguneros desconoce este lugar, o algunos en repetidas ocasiones lo atravesamos a través de la estrecha carretera que separa la sierra de los poblados, las áreas de cultivo y el río, sin imaginar que en él se alberga la mitad de la biodiversidad regional, dato documentado por Lucina Hernández y Abel García: de las 1,205 especies registradas, 630 habitan en este espacio protegido.
La reserva ecológica abarca 60,450 hectáreas, casi la mitad del territorio municipal de Torreón, en su mayoría conformadas por la Sierra de Jimulco y otras elevaciones menores; en ella se encuentra la llamada Isla de Cielo, su sitio más alto conocido como el Picacho con sus vecinos los Picachitos, que en una superficie de 5,000 hectáreas, con diferentes especies de encino y pino piñonero, un bosque templado en medio del desierto y cerca del cielo, a 3,120 metros sobre el nivel del mar, habitado por pumas, venados cola blanca y otras especies de fauna silvestre, con una vegetación distinta al matorral árido que acostumbramos ver diariamente en nuestro entorno lagunero.
En 2006, durante tres días acompañé a varios investigadores de la UJED e INIFAP en un ascenso a la sierra, con el objetivo de identificar y muestrear la vegetación, recorrido que permitió observar las diferencias existentes desde el matorral xerófito de las laderas hasta el bosque de pino; durante el trayecto, además de los registros, fue posible tomar fotografías y video, y uno de los colegas especialista en endocronología extrajo muestras de anillos de los árboles para determinar su antigüedad y las variaciones climáticas del área, que posteriormente dio a conocer en una de las publicaciones del centro de investigación en que labora.
Dentro de las 630 especies registradas hasta ahora, se identificaron 55 endémicas entre las que destaca la noa, según el último listado riguroso que elaboró, entre 2006 y 2007, Gamaliel Castañeda, cuando colaboró como subdirector del área natural protegida en la época que era administrada por Biodesert, hoy académico de la UJED y uno de los investigadores que recientemente más han estudiado su biodiversidad, complementado en 2009 por otro biólogo, Javier García, que también colaboró en la administración bajo la responsabilidad de Fundación Jimulco.
Dentro de esa biodiversidad se encuentra el orégano, planta que crece en las orillas de los cerros, donde acude la gente desde el amanecer, familias enteras de las comunidades del área la aprovechan recolectándolo durante la temporada de lluvias en que renace y que está intentando agregarle valor mediante la extracción de aceite o mediante su beneficio, particularmente en el ejido Barreal de Guadalupe.
En la parte más baja de la zona se encuentra el Río Aguanaval que separa la Sierra de Jimulco de la Sierra del Salmerón, a la vez que divide la geopolítica municipal entre Torreón y Simón Bolívar, y estatal entre Coahuila y Durango, donde fluye agua de los manantiales que brotan sobre su cauce desde el Cañón de la Cabeza hasta debajo de la Presa La Flor, en cuyo trayecto se forma un pequeño, pero sobresaliente ecosistema ripario con sabinos, sauces y álamos que adornan ese modesto bosque de galería, cuyo cauce se pinta de color café con las aguas broncas que derivan en la época de lluvias.
En Jimulco existe abundancia de plantas medicinales poco estudiadas, pero ampliamente conocidas y utilizadas por la población local como remedios tradicionales; hace años la bióloga Maximina Monasterio levantó un registro de 80 de ellas en toda la región, pero María de los Ángeles Martínez, doña Cunda, como le dicen en su comunidad La Trinidad, identifica 94 sólo en su entorno y por tradición las usa para curar padecimientos de sus coterráneos.
Jimulco está lleno de parajes naturales, desde los cañones que abren camino a la sierra con su diversidad de plantas y formaciones rocosas que crean sus propios valores estéticos, sobre los cuales es común observar serpientes, lagartijas y otros habitantes nativos; el corredor de árboles ribereños alimentado por el flujo de agua permanente de la lluvia y manantiales, apropiado para el esparcimiento de la gente en tiempo de mayor calor, sobre el que vuela, anida y reside una diversidad de fauna riparia entre la que destacan aves locales y migratorias, roedores, insectos; sus grandes extensiones desérticas con plantas que al amanecer parecen fantasmas insólitos que resisten la extremidad del clima, todo esto es parte de los valores ambientales del espacio protegido, su singularidad natural difícil de resumir en un espacio como éste.