En México se instituyó, hace ya muchos años, un régimen de transferencias en el futbol al que no se les ocurrió nada más brillante que ponerle el "draft", intentando copiar a lo que, en cuestión de reclutamiento de jugadores, ocurre en los Estados Unidos, sobre todo en el futbol americano.
Para nada se parecen estos sistemas. En el gabacho hay un seguimiento desde el high school de los prospectos y los buscadores son profesionales y bien pagados. Una vez que el chavo ingresa, generalmente becado, a la universidad, miles de ávidas pupilas se posan en él y se va cotizando de acuerdo al desempeño. Finalmente se hace un listado con base en estadísticas y es el equipo profesional más débil el que lleva la mano para escoger, y tras varias rondas se refuerzan los conjuntos.
Los jugadores tienen representantes pero éstos no inciden a la hora de ser reclutados y sólo tienen voz para negociar lo numérico, es decir, el salario y los premios.
En nuestro país el "draft" ha sido y seguirá siendo una vacilada. De hecho, las operaciones llegan al día "D" ya prácticamente selladas y ahí se oficializan. Creo que sería mejor modificar el hecho de que se realicen compras y ventas en un solo día y se ponga como fecha límite el inicio del torneo ya que, de esa manera, se daría más tiempo a los equipos para estudiar a sus refuerzos y lo que pasa en la práctica, con los representantes de futbolistas y los directivos dejaría de ser una mascarada de tipo "reglamentaria".
Lo más triste de este "draft" es el lado humano. Aunque no tendrían por qué estar ahí, se mira a decenas de jugadores, la mayoría en el límite de la edad para jugar a alto nivel, paseándose en los pasillos del hotel (a los que dejaron entrar) o en la banqueta, con la esperanza de que alguien los firme, aplicando aquel viejo adagio de que "santo que no es visto, no es adorado".
Esto me recuerda una anécdota de juventud cuando, de rigor, los chavos de mi generación tenían que asistir a la "Huerta" en Acapulco para atender los llamados de la naturaleza en cuestión sexual.
El primerizo iba acompañado de un amigo más grande, quien con aire experto indicaba el camino. A la llegada se veían por doquier mujeres gordas, entradas en años, escasas de ropa y que a voz en cuello ofrecían sus servicios. En mi caso le pregunté a mi mentor si eso era el paraíso que me habían contado y me contestó: "Pérate, las bonitas están en sus cuartos".
Efectivamente y con todo respeto, los grandes jugadores están en sus cuartos mientras su representante negocia. Los otros tienen que ir a ofrecerse en un espectáculo que resulta, como las gordas de mi anécdota, lamentable.
Quiero terminar enviándole un abrazo a Jaime Lozano, buen jugador y excelente persona, quien, por esas cosas raras de la vida, terminará su carrera en los Alebrijes de Oaxaca.
apbcarter_1@hotmail.com