La voz del pueblo, que dicen es la voz de Dios, exigió a gritos el sacrificio de José Manuel de la Torre para calmar la ira divina y permitir a la cofradía futbolera de nuestro país seguir soñando con visitar Brasil el año entrante en calidad de invitados.
Hay incluso quien opina que la remoción del técnico nacional se dio de manera tardía, ya que el "Chepo" se había enfermado de poder, y desde la atalaya de la soberbia se "emperró" en defender una alineación y un estilo de juego que no llevaría al Tricolor a ninguna parte.
Por supuesto que la inoperancia del cuadro azteca tuvo la noche del viernes su punto más álgido. Pareció que verse en una tempranera ventaja asustó a los seleccionados quienes con un pésimo accionar y una sensación muy parecida al miedo, dejaron crecer a un rival de proporciones limitadas.
Queda claro que sostener a De la Torre en el timón de un barco que se está hundiendo no sólo era imposible sino que además era suicida, pero me gustaría jugarle un poco al "abogado del diablo" para defender a José Manuel, sobre todo ahora que se ha quedado sin amigos.
El estratega nacional convoca a los mejores jugadores mexicanos. Es un hecho que me parece inobjetable que, salvo una o dos excepciones, cualquiera que se siente en el banquillo tricolor llamaría a los mismos, ya sea que militen en nuestra liga o lo hagan en el extranjero.
Si algunos de esos "cracks" no funciona, decrece su nivel al ponerse la verde o no le da la verdadera dimensión a alinear en el llamado "equipo de todos", pues es un tanto injusto cargarle todas las méndigas pulgas al flaco perro que es el entrenador.
Para mí los verdaderos responsables de esta crisis que amenaza con dejar al balompié azteca fuera del Mundial son, además del caso ya citado de los futbolistas, el público, los medios de comunicación y los dueños de los clubes.
La Selección Nacional es un producto sumamente generoso y es un hecho que el aficionado común le exige poco al Tricolor. Audiencias altas en la televisión, asistencia masiva al estadio con tal de cantar el "Cielito lindo" e idolatría por futbolistas inflados componen al "jugador # 12".
Los jilgueros de las televisoras se convierten en "porristas" del Tri dejando a un lado la objetividad. Pareciera un crimen contra la patria decir que México jugó basura, que alguno de sus elementos anda en la calle o que simplemente se murió de susto frente al rival.
Los peores culpables son los dueños de los equipos. Su ambición desmedida y la miopía con que manejan el negocio hacen que sigan empecinados en hacer cosas que impiden el real crecimiento del futbol mexicano.
Torneos cortos que prohíjan la mediocridad; proliferación de jugadores extranjeros en puestos clave; un nefasto "pacto de caballeros" que esclaviza al atleta e impide su desarrollo cabal; decisiones que toma la cúpula en el poder sin medir consecuencias.
Estos son los verdaderos responsables de este desastre.
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