"Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá".
Bertolt Brecht
Lo que me gusta de las películas, es la simple y taquillera razón, de que a su manera, te metes al mundo de la fantasía, en donde se puede ver de cerquita a Megan Fox y Leo Di Caprio, pero al mismo tiempo, uno sabe que por más grande que sea la pantalla, no importa si es de tercera dimensión, aquel miserable histriónico, el malo del cuento, por el que sentimos desprecio y angustia, se queda en su mansión, bien lejos de la Comarca Lagunera, en donde el súper villano deja de ser un desgraciado a sueldo para ser una persona que actúa en el teatro de la vida.
Yo siempre quise ser el malo de la película, en ese entonces, cuando carecía de años y sentido común, me parecía divertido el ser perseguido por la ley, aquel rompe reglas del cine, que se reivindicaba con amor y perdón, pero nadie le quitaba lo baleado.
Los 148 Dálmatas
Hoy en día, por desgracia de nosotros, los buenos, estamos sumergidos en un ácido corrosivo e ilegal, que se propaga día con día, cada vez me resulta menos impactante el conocer la noticia de que el pasado viernes, fueron aprehendidos 148 policías de Lerdo y Gómez Palacio por tener nexos con grupos de delincuencia organizada.
En esta película, el malo no se volvió bueno, sino que pudo más yang que el ying, Esto quiere decir, que las personas a las que les dimos la libertad de portar armas, pagarles sus sueldos con impuestos, esas mismas personas están invitadas a la fiesta de dependencias involucradas con el terrorismo social y mi falta de optimismo en las películas de vaqueros.
Mientras uno vive más cerquita del límite entre el bien y el mal, más son las ganas de asfixiarse con el dulce e incoloro gas de la tentación, ¿Qué tanto es tantito? Un tantito puede ser un "casi nada", tirándole al "Nadie supo", pero cuando ese tantito se vuelve comprometedor, nos encontramos ya del otro lado, en donde ya no importa si se es simplemente malo, o se es el antagonista principal, una vez que se brinca el límite de nuestra moralidad, ya no hay reversa, ni llantas, ni motor, ni nada… se está solo con sus tentaciones mal cumplidas.
¡Santas realidades, Batman!
Lo indignante de este guión lagunero no es el número de policías detenidos, ni el significado de haber encontrado más de una centena de corruptos, lo indígnate es esa sensación de vacío, incertidumbre y un esbozo de sonrisa nerviosa, ¿Y ahora, quién podrá defendernos?
Es en este momento de las películas, cuando el bueno se vuelve villano, y de repente; llega con un aire redentor, un superhéroe con algún disfraz ridículo, pero unas inmensas ganas de rescatar su ciudad de las garras de la corrupción. (Me gustaría mucho continuar este relato, darle un final feliz a este filme literario, pero no me agradaría imaginar sus reacciones de desprecio a esta historia de rosa y ponerle palabras bonitas como lo hace Paulo Coelho, entonces ustedes pensarían que esto es un speech moralista de un utópico columnista, para fortuna de todos, les dejo que terminen esta película regional con sus ideas.
Lo que es cierto es que mientras tanto, los laguneros seguimos con estas ganas de salir adelante, que no se nos quita ni con el frío polar de un invierno sin sol y sin policías.
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