El Padre Soárez charlaba con el Cristo de su iglesia. Le dijo que estaba preocupado, pues las cortas limosnas que recibía de sus humildes parroquianos no le aseguraban la despensa de la siguiente semana.
-Soárez, Soárez --lo reprendió Jesús con mansedumbre--. Parece que no has rezado nunca el Padre Nuestro. Recuerda que dice: "Danos hoy nuestro pan de cada día...". No dice: "Danos hoy nuestro pan de cada semana...", ni pedimos el pan nuestro de cada mes o de cada año. El Padre quiere que a cada día le dejemos su afán. Con nuestro trabajo y con su bendición nos llegará el pan del siguiente.
Así habló el Cristo, y el Padre Soárez ya no se preocupó.
¡Hasta mañana!...