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No es sobrepeso, es obesidad

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No es sobrepeso, es obesidad

No es sobrepeso, es obesidad

María Elena Holguín

Tener kilos de más suele no significar mucho para algunos que sólo se conciben como ‘pasaditos de peso’, cuando la realidad es que su organismo puede estar incubando un problema mayor que incluso los coloca dentro de una peligrosa estadística.

“¿Obeso, yo? ¡Para nada, si apenas tengo unos kilitos de más!”. Seguramente ha escuchado afirmaciones por el estilo en más de una ocasión. La percepción errónea del sobrepeso y la obesidad encuentra su explicación en múltiples factores, como las ideas que albergaron y transmitieron nuestros abuelos o incluso nuestros padres, acerca de que “niño gordo es niño sano”; en algún momento hasta se llegó a interpretar la gordura como sinónimo de felicidad.

A esto se suma la relación actual del hombre con los alimentos: socialmente se interpreta que a mayor disposición y volumen de comida, mayor seguridad y bienestar.

En nuestro país, donde siete de cada 10 mexicanos se encuentran en condición de obesidad, pareciera que nos hemos acostumbrado a semejante estadística, tanto así que quienes viven el problema lo subestiman, evaden o ignoran a tal grado que ni siquiera se cuentan dentro de esos índices, creen se refieren a alguien más.

Ver gente obesa por doquier es tan usual, que muchos ya lo aprecian como ‘normal’ y por lo tanto no evalúan la posibilidad de poner un alto a sus excesos y modificar su estilo de vida. O bien, atendiendo a la predominante cultura del menor esfuerzo, recurren a métodos tan proliferantes como poco efectivos y contraproducentes, que sólo retrasan la posibilidad de acceder a un tratamiento efectivo para reducir o controlar el peso. Infinidad de dietas y productos milagrosos podrán ponerse de moda y ser recomendados por miles, pero la auténtica solución es la de siempre: un balance en la alimentación y la práctica continua de actividad física.

NO ES LO MISMO, PERO...

No poca gente confunde los términos de sobrepeso y obesidad, aunque ambos se refieren a un peso mayor en proporción a la talla corporal.

Sin embargo en términos generales, una persona con sobrepeso no necesariamente debe ser catalogada como obesa. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) el sobrepeso es una condición previa a la obesidad, y están tan íntimamente ligadas que en su bibliografía las aborda de manera conjunta, englobándolas como una de las enfermedades crónicas no transmisibles de origen multifactorial (genético, social, conductual, psicológico, metabólico y celular) de mayor preocupación.

El Índice de Masa Corporal (IMC) es el indicador universal simple de la relación peso-talla que se utiliza para identificar el sobrepeso y la obesidad en adultos, y se calcula dividiendo el peso de un individuo en kilos por el cuadrado de su talla en metros.

Partiendo de esta medición, hay sobrepeso cuando un sujeto cuyo IMC es igual o superior a 25, mientras que la obesidad se determina a partir de un IMC igual o superior a 30. La diferencia entre una y otra la hacen aproximadamente 15 kilogramos, que es el margen existente entre las distintas clasificaciones (bajo peso, normal, sobrepeso y obesidad tipo I, II y III).

Los deportistas son una excepción a la regla del IMC, puesto que reportan una gran masa corporal gracias al nivel muscular, sin que por esta razón enfrenten una condición de obesidad.

En México, con la Norma Oficial NOM-174-SSA1-1998 se establecieron parámetros adicionales de clasificación para personas de baja estatura (mujeres de 1.50 metros o menos y hombres que midan 1.60 o menos) que los ubican en condición de sobrepeso si tienen un IMC entre 23 y 25, y en obesidad si el IMC es superior a 25.

Existe además otro criterio para el diagnóstico de la obesidad y el sobrepeso: el perímetro abdominal, que permite medir los niveles de grasa visceral acumulada, cuyas células y sustancias inflamatorias son las que dan lugar a la alteración de colesterol y triglicéridos, hipertensión arterial, peligro de trombosis, resistencia a la insulina y al síndrome metabólico. La OMS establece el valor máximo saludable del contorno abdominal en 88 centímetros en la mujer y 102 en el hombre. En opinión de algunos médicos esta medición resulta de mayor relevancia incluso que el IMC, sobre todo si se trata de calcular los riesgos cardiovasculares.

Asimismo hay dos tipos de acumulación de grasa. La androide atañe a la gordura que aparece en el tronco y el abdomen; quienes la presentan (hombres y mujeres) tienen más probabilidades de desarrollar padecimientos cardiovasculares. La ginecoide se concentra en caderas, glúteos y muslos y la gente con este tipo de obesidad tiende a mostrar problemas circulatorios en las piernas y de articulaciones en cadera y rodillas.

NÚMEROS DE PESO

Es evidente que la línea entre el sobrepeso y la obesidad es mínima. Y aunque el primero constituye un riesgo menor, van de la mano porque fácilmente se puede pasar de una clasificación a otra.

Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2012), en México hay 26 millones de personas con sobrepeso y 22 millones más con obesidad. Y aunque dichos resultados mostraron una disminución en la velocidad de su incremento con respecto a 2006 (de haberse mantenido como hasta entonces, habría 5.4 millones más), nuestro país continúa siendo el segundo con mayor incidencia, solamente superado por Estados Unidos.

Si bien las cifras de sobrepeso y obesidad en la población de cinco a 11 años tampoco aumentaron los últimos seis años, 19.8 por ciento padece sobrepeso y 14.6 obesidad. México ocupa el cuarto lugar mundial en obesidad infantil (tras Grecia, Italia y Estados Unidos). En el caso de los adolescentes entre 12 y 19 años, la Ensanut 2012 refleja que el 35 por ciento de ellos padece de sobrepeso u obesidad.

DESECHANDO LOS EXTRAS

Reconocer ambas condiciones como una enfermedad que predispone a muchas otras, es el primer paso en el largo y lento camino para alcanzar no sólo un peso adecuado, sino el bienestar. Debe tenerse muy presente que la obesidad es el detonante para numerosos padecimientos.

De hecho, cuando hay obesidad o un marcado sobrepeso, en un proceso de tratamiento médico se le confiere mayor valor al control del colesterol, triglicéridos y azúcares que al peso corporal. La eliminación de los kilos extra debe ser, a su vez, de manera gradual y no drástica, como ofrecen algunos métodos quirúrgicos (por ejemplo la cirugía bariátrica), mismos que ya tienden a declinar en demanda por tener efectos no esperados por los pacientes.

Debe subrayarse que si bien el propósito es eliminar el exceso de peso, el estado nutricional es igualmente fundamental. No se trata entonces de ‘dejar de comer’. La clave está en reducir el tamaño de las porciones e incluir todos los grupos alimenticios con base en el plato del buen comer, cuyos parámetros son los que mejor se adaptan a las condiciones físicas y estilos de vida de los mexicanos.

El ejercicio es caso aparte. Erróneamente suele asociarse su práctica con la fatiga, de ahí que miles de personas con sobrepeso y obesidad no intenten ponerse en movimiento o bien lo abandonen a los pocos días porque esperan ver resultados inmediatos, algo imposible. Lo ideal es comenzar con un poco de actividad y aumentarla gradualmente, hasta llegar a los 60 ó 90 minutos diarios.

Si recordamos que el sobrepeso y la obesidad son muy cercanos, sabremos que ningún kilo que sobre debe ser menospreciado. Estar informados acerca del peso adecuado, el tipo de alimentación que más nos conviene y disciplinarnos en algún deporte son las mejores estrategias para atenuar esta epidemia de salud, la cual es 100 por ciento prevenible.

Correo-e: eholguin@elsiglodetorreon.com.mx

Fuentes: Nutriéndonos, Consultoría y Orientación en Nutrición; Médico Internista y de Terapia Intensiva Óscar Hernández.

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