No veo cómo las mujeres podemos mantenernos con las curvas pertinentes y necesarias si los demás, de plano, están vueltos unos locos confabulados para evitarlo a toda costa; tengo algunas teorías al respecto: celos, envidia, inseguridad, machismo o mucha hambre. No, señor, esto sigue siendo un campo semántico en todo su esplendor, ya lo entenderá a cabalidad más adelantito.
Justo hoy me lo dijo una compañera: "no vine dos días al gimnasio porque mi esposo quería que me quedara a almorzar con él". Culpable: el tercer turno; el marido llega con hambre y sueño… y no deja a una cumplir con la agenda como Dios manda. Como se dan cuenta, es difícil lidiar entre dar gusto al viejo o ponernos como la Jolie, que, bien visto, acaba por tener el mismísimo propósito.
Algunas vecinas -no las mías- urden ciertas tramas para evitar nuestra transformación de babosas en volátiles mariposas; nos cuentan cómo una hermana acabó convertida en gancho porque se lastimó haciendo esos perversos y concupiscentes en la zumba; además, la vecina de su prima hermana le dijo que ese rumbo era muy peligroso hoy en día, por eso ella estará gordita pero muy feliz, derecha y viva. ¿Será algún efluvio de la envidia? Como fuere, el pálpito nos queda y la duda se agiganta; así, todo esto acaba en tres días de inasistencia al ejercicio, nada más por si las moscas.
Ahora bien, si las estadísticas de obesidad en México aumentan, y más entre las féminas, los señores mucha responsabilidad tiene al respecto. Cómo no, señor, si nada más una empieza a tomar forma de ciertas partes muy vistosas y empieza un hostigamiento fino y elaborado: pues a mí me gustabas más antes; prefiero más las curvas que las rectas; esa ropa ya no se te ve bien y, la peor de todas, te ves muy flaca. Por Dios, a qué mujer puede usted decirle eso sin que a falacia suene, sobre todo si apenas se cumple una semana en el gimnasio.
Otra cosa: la responsabilidad engorda. Incontables ocasiones una madre abnegada como yo ha dejado esperando a la caminadora porque hay junta en la escuela del chiquillo. ¿A qué profesora en sus cabales se le ocurre poner la cita a las 8 de la mañana? Claro, es plan con maña, porque ya se dieron cuenta cómo nuestras anatomías están casi para Play Boy o la Maxim.
Aclarado el tema, hago un llamado a todos esos intrusos de las buenas formas para que nos dejen libre el camino, comprendan nuestra comprometida situación, y así logremos nuestros sueños talla 7. (También llamo a mi mamá para advertirle: si me invita mañana a desayunar, luego de ejercitarme, que sea con chilaquilitos light).
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