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Ordenando El Caos

SONRISA HORIZONTAL

Dalia Reyes

Con la sonrisa de oreja a oreja. No hay frase que mejor describa la felicidad plena, esa como llamarada de petate, donde no hay lugar para ningún otro sentimiento y cuya reiteración no suele ser cercana, sino de esas veces maravillosas cuando se alinean los astros a nuestro favor, cuando todo se dispone para nuestro placer, o cuando una es capaz de ignorar los anuncios de pasta dental.

Nada tengo contra la salud bucal, es más, la asumo como la razón por la cual se multiplican los noviazgos, conciertan bodas y alargan matrimonio. ¿Les parece exagerado? Pues a los creativos no, porque eso y más dan a entender con sus exageraciones brillantes y blanquísimas.

Así es, justamente: o tenemos sonrisa brillante o blanquísima o nos harán el fuchi; debemos portar dientes albos so pena de quedarnos relegados en la vida; el aliento valioso congela a distancia, de otra forma nunca seremos ejecutivos bancarios o jóvenes talentos; es más, seremos los más infelices del mundo.

Algo no me queda claro, ¿a qué olían las bocas medievales? En la novela "La Bodega", de Noah Gordon, hay un pasaje en donde el protagonista recuerda las formas de su amada asociándola con su aliento a ajo, y cómo no, si los europeos brillan por sus pastas, pizzas, carnes al aglio. Sin embargo, no parecía descontento, quizá fuera algo común; hasta donde sé, sólo tallaban su boca con ceniza para blanquear el diente, supongo que con un resultado de ajo terroso, no veo por dónde les llegara el aroma a menta.

La imagen de las parejas lustrosas y perfumadas es muy reciente. Hoy, cuando vemos una escena de amor, asumimos que ella respira a canela y él a mentol, claro está, si el hombre invierte un tercio del día restregándose para deshacerse de sí mismo, al menos eso parece: hilo dental, pasta de dientes, cepillo de cerdas largas y cotas, limpiador de lengua, aseador de mejillas, enjuague bucal, atomizador de emergencia, agua súper pura.

Los fabricantes de pastas dentales deberían ser conscientes de cuánta inseguridad generan en las personas. Cuando creemos estar del lado luminoso por usar un menjunje con brillitos tan mágicos como romboides, capaces de eliminar hasta las bacterias de nuestro primer beso en la secu, resulta que en realidad debimos untarnos la otra capaz de evitar hasta la angina de pecho con sólo aplicarla siete días seguidos.

Hoy, por lo pronto, descubrí que hay pastas para niños, niñas, jóvenes, señores y señoreas; decidí mantener la boca cerrada porque me di cuenta que había usado una destinada a personas mayores de 25 y menores de 40, con dientes parejitos y sin amalgamas ni postizos. No, señor, podré ser una maloliente, pero jamás usurpadora.

dreyesvaldes@hotmail.com

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