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Ordenando el caos

PUSE EL COCO Y LE TUVE MIEDO

EL SIGLO DE TORREÓN

Por: Dalia Reyes

En la versión de Sor Juana Inés, esa chica de la Cruz (Castro, Christian, 2011), yo debería ser un hombre necio, pues mucho tiempo fui niña que pone el coco y luego le tiene miedo. No se haga usted el occiso, todos lo fuimos.

Inexplicable me resulta esa ociosa costumbre infantil de pre pubertos consistente en lanzarse a las profundidades del terror, acuciosos en busca de detalles y, por la noche, tener la vida encima, pues la oscuridad tiene la mala costumbre de dar forma palpable a todas esas fantasías construidas a voluntad.

Cada uno de nosotros, ya "bultos grandes", decía doña Andrea, tuvimos en su momento una representación del mal, cincelada a conciencia durante el día con toda clase de imágenes, cuentos, películas y visiones.

Uno de mis hermanos mostraba el valor, si no había más remedio, si el destino lo ponía como perseguidor de algún felino. Cuando un destino mayor, o sea, mi madre, le ordenaba cuidarme durante la noche, él se trasladaba a mi recámara con todas sus fobias, para sumarlas a las mías, y entonces esperaba en vela mi sueño. La noche cuando un cuadrúpedo osó penetrar en la habitación, él me despertó de mi sueño total para tranquilizarme: "¡Ahorita vengo, voy a perseguir un gato!", dijo con agitación y desapareció por el pasillo.

Mi hermana buscaba la resulta. A diferencia de las personas normales, nunca demostró miedo ante nada, pero esa cosa indescriptible que parecía ocultarse en el baño, la hacía andar sonámbula las más de las noches, y si a ella no le quitaba el sueño ningún pavor, a nosotros sí cuando la veíamos andar, como flotando, por la casa.

En lo personal, yo le temía a "algo". No tenía forma ni color, quizá cambiaba según la historia que me hubiesen contado las amigas o se formaba con las amenazas de las madres antiguas respecto de un señor del costal o un señor que se aparece. Tengo registrada la fecha cuando el miedo a la noche se fue para siempre: quedé a dormir en casa de mi prima; en algún momento ella despertó llorando a gritos y señalaba a la puerta, en donde, juraba, había visto a un hombre de pie, cuya imagen se desvaneció. Como yo no vi nada, me convencí de mi alma pura y supe que los hombres no me buscaban a mí. (Sonó rara esta frase).

Lo más reciente sí me impactó: tengo una vecinita quien, desde hace unos meses, tiene pavor mirar durante la noche hacia su guardarropa -y no ha visto Monsters Inc.-, todo porque teme salga de ahí, en cualquier momento, Jenni Rivera. Quizá la chiquilla tuvo malos pensamientos hacia la cantante en vida, sobre su forma de cantar o su presencia, y ahora padezca remordimientos; pero yo le he dicho que no se preocupe, miles de personas hicimos lo mismo y ella no tendría modo de mostrarse ante todos nosotros.

Ahora bien ¿cuál fue su coco alimentado durante el día y temido en la noche?

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