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Ordenando el Caos

OTRA POR APARTE

Dalia Reyes

Hoy fui víctima de los delincuentes; rompieron el cristal de mi auto y se llevaron cuánta cosa. Me da gusto ser habitante de una de las mejores ciudades para vivir, porque los del resto deberán estar en un infierno más caliente que éste.

Mi suegro, don Cornelio, tiene por costumbre usar una frase profunda y sapientísima cuya semántica me viene puntual para el trance que tuvo a mal atropellarme: otra por aparte, dice. Y no aludo ya al acto delictivo que me privó desde mi gorra de nado hasta las botas a pagar en abonos, sino en las carísimas consecuencias que conlleva ser víctima de un delito. Sí, eso es aunque parezca insensatez.

Tan luego sucedió lo acontecido, me di a la tarea de cancelar todo aquello viable de uso posterior -las botas no, ésas ya ni cómo hacerle-. Llamé al banco y, luego de preguntarme si me encontraba en buen estado, como lo es, me sentí un poco mejor al ser tratada con tanto comedimiento, pero eso sólo fue el preámbulo para que mi tragedia siguiera su camino: "Le informo que deberá pagar 75 pesos por cada tarjeta reportada, si las quiere recuperar". ¡Cómo así, Marce! De pronto la preocupación de la señorita se fue a vacacionar quién sabe a dónde. "Pero ni siquiera son de crédito, señorita", argumenté, y ella volvió a repetir la frase; de ahí en adelante, contesté afirmativamente a todo, pues nada se puede hacer cuando habla una con ciertas máquinas.

Quizá no fui tan precavida por no dejar encuerado mi vehículo cada vez que salgo de él, pero sí tuve la epifanía previa para contratar un seguro. Llamé de inmediato y, tras preguntarme si me encontraba en buen estado, me dijo la señorita: "Le informo que pagará usted el 20 por ciento del total, si desea reponer su cristal". Cuando ella me leyó, con puntos y comas, el apartado pertinente en mi contrato, tuvo a bien advertirme cuánto peor podía ser mi situación. Contesté afirmativamente a todas sus preguntas, pues nada mejor se hace ante alguien tan razonable.

Estuve a punto de llamar a tránsito, por mi licencia; al IFE, por mi credencial, y a la empresa emisora de bonos de despensa, pero me arrepentí: debo pagar el 100 por ciento en la primera, hacer fila en la segunda, y jactarme cuando los ladrones usen la tercera, pues mis ingresos por ese rubro ascienden a 14 pesos cada mes. Ja, lero lero, ladronzuelos, y les tengo una posdata: ojalá que las botas les aprieten, las calcetas les den calor y se atoren con tacones en un hoyo. (dreyesvaldes@hotmail.com)

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