Santos y guerreros
Aunque a primera vista parecieran contradecirse ambas palabras que dan identidad a nuestro equipo local, lo cierto es que ser santo implica un espíritu de lucha.
La religión implica un combate heroico contra las fuerzas del mal en cualquiera de sus manifestaciones. Es cierto que para Carlos Marx la religión es el opio del pueblo, pero sólo cuando la religión se interpreta erróneamente como un esperar reivindicaciones futuras, adormeciendo las energías combativas o cuando la fe se convierte en una espera pasiva de milagros sin implicaciones y compromisos personales. Sin embargo, una fe verdadera y rectamente entendida despierta todas las energías interiores.
No ha de confundirse la fe con las creencias. Hay quienes dicen que tienen mucha fe y en realidad son creencias que los atrapan en situaciones de miedo, inseguridad, angustia y egoísmo. En cambio la fe nos libera de los miedos y ansiedades. Nos hace libres para desprendernos de nuestro ego, buscando como punto central de la vida, hacer la voluntad de Dios. En cambio, muchos creen en un dios milagrero a quien ponen de pretexto para evadir responsabilidades y justificar la inactividad. ¡Ese si es opio del pueblo! ¿No será ese el interés del país al norte de nuestras fronteras que, invadiendo ideológicamente con soldados de corbata y camisa blanca (que son excusados de hacer su servicio militar) promueven una fe enajenante? ¿No será el objetivo de los grandes monopolios del poder económico y político el promover el ateísmo para frustrar con ello toda esperanza y suprimir toda lucha por la liberación? ¿No será la fe débil y errónea la que ha impedido que en nuestras ciudades laguneras se levanten voces de protesta ante la ineficiencia de autoridades? ¿No es la violencia a fin de cuentas una consecuencia del alejamiento de Dios?
La falta de participación ciudadana se ha convertido entre nosotros en un gran problema social y no es erróneo pensar que, al menos en parte, la causa es las deficiencias en la fe, los errores, la ignorancia, la contaminación de creencias enajenantes. Una pérdida de esperanza en los valores trascendentes provoca una búsqueda egoísta de intereses personales y hace olvidar el amor y la promoción del otro. El otro deja de ser mi hermano porque ya no nos consideramos hijos de un padre común. La organización ciudadana más fuerte es la que tiene en su base la religiosidad y los ideales que de ella emanan. La vulnerabilidad económica tan elevada de nuestra gente provoca un gran desaliento. La poca participación política de algunos, se hace por motivos poco altruistas. No seremos guerreros si no somos santos, es decir, si no hay una fe que centre e ilumine todo nuestro actuar en todos los ámbitos de nuestra vida.
El partido político que tuvo en sus orígenes e inspiración a la doctrina social de la Iglesia (Acción Nacional), ha perdido su fuerza en la medida en que abandonó esta doctrina. Carecemos de líderes carismáticos en el país porque la religión no produce guerreros con la fuerza y el arrastre propios de un santo. La Iglesia de México abandonó, junto con la teología de la liberación, la doctrina social de la Iglesia que es parte fundamental de la fe y con ello perdió la capacidad de protestar, organizar, defender, promover, reclamar…
Pero la esperanza ha renacido con la renovación y profundización de la fe que se está promoviendo, gracias al "Año de la fe" iniciado en la Iglesia universal, por Benedicto XVI y secundado por el testimonio y acciones del Papa Francisco. La fundamentación teórica está dada en el precioso documento "Lumen Fidei" (La luz de la fe), escrito por el Papa emérito y completado por el Papa Francisco. Los obispos de este continente también han visto las carencias de la fe en esta región del mundo reducida a un bagaje y están impulsando la misión continental con el fin de renovar la fe de la Iglesia de Latinoamérica.
La fe de los laguneros también necesita una renovación, pues su capacidad de lucha, de protesta, de organización y de participación ciudadana deja mucho que desear, manifestando que de "guerreros" tenemos muy poco, porque tenemos muy poco de "santos". Sin embargo, ha comenzado una renovación, gracias a la creación de la nueva diócesis de Gómez Palacio, que comprende La Laguna duranguense; A estos signos de esperanza se suma además la planeación prospectiva que se está elaborando ya desde hace tiempo en la diócesis y que ya cuenta con un gran avance. La asamblea diocesana ya cercana (18 y 19 de octubre) será un gran acontecimiento que servirá para ir decidiendo acciones concretas en base a un ideal de Diócesis, de parroquia y de familia. Otra cosa que está siendo factor de renovación, son las visitas que el obispo de Gómez Palacio está realizando en forma oficial a las 38 parroquias de la diócesis y que están despertando a los "guerreros dormidos".
La fe se presenta como una edificación de un lugar en el que el hombre pueda convivir con los demás; Cuando Dios se hace presente le da solidez a los vínculos humanos. No se trata sólo de una solidez interior, una convicción firme del que cree; la fe ilumina también las relaciones humanas porque nace del amor y sigue la dinámica del amor de Dios y por ello se pone al servicio de la justicia, del derecho y de la paz (cfr. Lumen Fidei n. 50 y 51). La luz de la fe permite valorar y enriquece la vida común sin apartar del mundo ni enajenarse de los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo. La fe auténtica entraña la audacia de abandonarse en Dios. Sólo los que tienen la osadía de confiar en Dios, pueden vivir la experiencia liberadora de la fe. Es la audacia que viven los sencillos, los niños, los que tienen hambre y sed de justicia.
Los luchadores sociales necesitan alimentar su lucha con una fe firme y, si no profesan una fe en forma explícita, no se cierren a las ventajas de ser auténticos hombres de fe, o al menos no rechacen toda expresión religiosa por el simple hecho de serla. Los guerreros sin fe se convierten en mercenarios. Los ideales de justicia y de paz, pueden desgastarse si no llevan el impulso de una relación personal fuerte con un ser trascendente. La prueba para los que creen tener fe es si lo manifiestan en obras. Es tiempo de actuar individualmente u organizadamente. Siempre será bienvenido una persona de fe verdadera en asociaciones, grupos, movimientos, partidos, sociedades (Laguneros por la paz, consejo ciudadano, Laguna yo te quiero, Cáritas, pastoral social, etc.) porque no los mueve la utilidad, la suma de intereses o el miedo. La fe es un bien para todos, es un bien común; nos ayuda a edificar nuestra sociedad, para que avance hacia el futuro con esperanza. ¿Eres un "Santos guerreros"?
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