El Plan Nacional de Desarrollo anunciado por Enrique Peña Nieto establece cinco grandes ejes de accion: México en paz, México incluyente, México con educación de calidad, México próspero y México con responsabilidad global. Los cinco ejes normarán la actividad socioeconómica del país durante el sexenio que comienza
El Plan anunciado por el presidente deja entrever la intención de rescatar la rectoría del Estado como función que se había perdido en la moda neoliberal de mínimo intervención estatal de los últimos 30 años.
Con días de diferencia se instaló luego el Comité Nacional de la Productividad integrado por representantes del gobierno, el empresariado, la academia y el sector obrero. La tesis central que anima a la nueva entidad es "democratizar la productividad" y rescatar el dinamismo perdido de la economía que ha dejado al país en índices muy bajos comparados con los de los demás miembros de la OCDE y más acentuadamente con los avances espectaculares registrados en países como Corea, China, Tailandia, Indonesia, Taiwán, Perú y Chile.
En la instalación del Comité, el secretario de Trabajo, el presidente del CCE, el rector de la UNAM y el representante del sector obrero, confirmaron los propósitos del Comité de establecer nuevas reglas en el sistema económico mexicano a fin de incentivar, por ejemplo, que las actividades informales, que ocupan 60% de la ocupación total "migren" (sic), a la formalidad. Este comité plural del más alto está diseñado para ser un instrumento de transformación de México través de movilización de recursos económicos hacia sectores productivos, fortalecer el ambiente de negocios, elevar la productividad invirtiendo en capital humano y tecnología y, finalmente, cerrando las brechas que existen en el país en materia de productividad.
La necesidad de emprender una política de desarrollo incluyendo el industrial de tercera generación, es urgente a la luz del fracaso que se ha registrado en la articulación del aparato productivo nacional. La apertura indiscriminada del mercado nacional ha hecho que el contenido nacional de los productos manufacturados no pasa de, en el mejor de los casos, del 30% sabido es que en la industria maquiladora de exportación la incorporación de insumos mexicanos no paso del 2%.
La situación anterior fue descrita con amplitud durante un reciente foro realizado en la Cámara de Diputados con participación de reconocidos abogados y economistas nacionales y extranjeros que señalaron, por ejemplo, la urgencia de integrar las cadenas de producción cuya formación ha sido impedida por el principio de la "no política industrial". Nuestro comercio exterior se encuentra concentrado en un 83% en unas pocas empresas transnacionales, es más, exportamos lo que importamos.
De no corregirse esta lamentable tradición seguiremos presenciando el bajo ritmo de actividad industrial, las costosas importaciones de alimentos básicos por falta de la eficiencia del sector agrícola, los déficit de nuestro comercio exterior y consecuente incapacidad para crear el millón de puestos de trabajo que se requieren anualmente.
Para resolver estos problemas hay quienes insisten en que la solución es una mayor vinculación con Estados Unidos a través del TLCAN. Da la casualidad, sin embargo, que es precisamente esta creciente dependencia no sólo comercial, sino de filosofía económica, la que ha hecho que cerremos los ojos a modelos de desarrollo enteramente distintos que han hecho posible los éxitos en términos de bienestar que se han registrado otros países.
Es muy loable el compromiso que asumen los 4 sectores que integran el Comité Nacional de Productividad para su realización. El esquema así anunciado, con gran profusión publicitaria, suscita la obligada pregunta de quienes han de ejecutar a nivel de la realidad diaria sus propósitos, a fin de que no quede como una simple convocatoria más o compromisos que las cúpulas que su misma condición superior no tienen forma de realizar a nivel práctico.
Para que tengan eficacia estos nuevos instrumentos falta la indispensable acción decidida de los empresarios, que son los que crean unidades de producción y empleos, se comprometan con metas específicas en el desarrollo de áreas seleccionadas, creación de empleos y cifras de exportación.
Hasta ahora los programas, pactos, acuerdos, convenios, etc. que han desfilado han adolecido de mantenerse en las abstracciones careciendo de los amarres necesarios en la ejecución específica. Se han limitado a declarar lo que se necesita hacer y en el mejor de los casos los apoyos que para ello el gobierno ofrece. Se ha dejado en el vacío el correspondiente compromiso firme y visionario de los empresarios para realizar los planes nacionales.
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