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PÚBLICO Y PROPIO

Iván Medina Cruz

Columna del Seminario Diocesano

HAGÁMOSLE CASO A LA NATURALEZA HUMANA

El ser humano es un misterio que es muy difícil poder comprender. Hemos escuchado varias definiciones de lo que es el hombre, por ejemplo: que es un ser racional, un ser social, etc. Y muchas veces hacemos caso omiso a las diversas cualidades que lo componen al hombre, actuando contrariamente a lo que es. Si tan sólo nos fijáramos y asimiláramos los pensamientos de filósofos importantes como Sócrates, Aristóteles, San Agustín y demás filósofos o sabios de todas las épocas, pudiéramos tener otra manera de ver las cosas con un sentido crítico y reflexivo, que nos movería a actuar lo que nos dicta la conciencia con la ley natural: haz el bien y evita el mal.

Quiero que nos fijemos en lo siguiente; el hombre es un ser religioso por naturaleza. Esto es, que tiene la capacidad de conocer y relacionarse con el Ser Supremo a lo que llamamos Dios. Somos cuerpo, pero también tenemos un alma espiritual que nos hace trascender y llegar a las realidades espirituales. Toda religión enseña que debemos de hacer el bien, viviendo en fraternidad, practicando la justicia, respetando la dignidad de las personas y sus derechos, además que todos somos iguales sin menospreciar a nadie. Aunque haya personas que se proclaman ateas, en el fondo también tienen el deseo de tener paz, de vivir tranquilos unos con otros, de hacer el bien, de ser mejores personas cada día. Este deseo se lo marca su propia naturaleza como seres religiosos.

Ante la situación de violencia y toda clase de maldad que existe en nuestra ciudad y en el mundo entero, debemos de atender esta parte importante del ser humano: lo religioso. Cuántas horas le dedicamos a ver la televisión, estar chateando en la Internet, estar solamente con mis amigos jugando algún deporte o haciendo tantas cosas (y no estoy pensando que sea malo), y, cuántas veces dejamos un espacio para que visites algún templo religioso (de la religión que profeses); a tus rezos personales; a leer la Biblia que, según dicen, es el mejor libro que existe y el más leído; a participar de obras de caridad.

No quiero decir que seamos unos "santurrones" porque todos los extremos son malos, pero sí que atiendas lo que te enseña tu religión que es hacer el bien y amar a los que te rodean; sin juzgar, ni quejarte, ni esperar que los demás sean ejemplares. Todos tenemos que hacer lo que nos toca comprometiéndonos a tener mejores actitudes y trabajar por la paz y la fraternidad desde nuestras familias y ambientes en que nos movemos. Quizá poco a poco las cosas que están en desorden vuelvan a encontrar la armonía y vivamos tranquilos, con fe en aquel Ser Superior. Ojalá y no perdamos de vista esta parte de la naturaleza humana para dejar de actuar, muchas veces, como salvajes.

Twitter:@SeminarioTRC

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