La esquina noroeste del país está que arde. Y no sólo en cuestión de ambiente por las temperaturas de hasta 49 grados centígrados que se han registrado en algunas poblaciones de la región.
Sino también en materia política toda vez que Baja California y Sonora viven momentos críticos de confrontación.
En la Baja la elección para gobernador del próximo domingo se ha cerrado en los últimos días y con ello la tensión entre las dos coaliciones en pugna.
La posibilidad de un empate técnico es muy alta lo que abre el riesgo de que surja el primer conflicto post electoral del gobierno de Enrique Peña Nieto.
En 2010 el PRI arrasó en Baja California, obtuvo las cinco alcaldías, la mayoría en el Congreso y un mayor número de diputaciones federales.
En ese entonces, cuando el PAN gobernaba prácticamente solo, la crisis económica y el desempleo ahogaban a la región al tiempo que la inseguridad cabalgaba sin obstáculos.
El panorama cambió en lo que toca a la violencia que cedió de manera dramática, sin embargo el desempleo y la crisis siguen presentes en el ánimo de la población.
Pero como no hay partido a quien cargarle las facturas, es decir si a los alcaldes del PRI o al gobernador del PAN, los electores se irán en esta ocasión por los candidatos.
Es ahí donde no queda claro si los electores optarán por un candidato sin carisma, pero arropado por la estructura del tricolor o si por el contrario votarán por el aspirante más popular quien sin embargo no logró entusiasmar a las masas como lo hicieron sus antecesores.
A pocas horas de los comicios, Baja California es un volado al aire que podría complicarse seriamente si los resultados de las elecciones mantienen una diferencia porcentual mínima y si además el desaseo regresa por sus fueros.
¿QUÉ PASA EN SONORA?
En la entidad vecina no cantan mal las rancheras, sólo que ahí el meollo del asunto no son las campañas ni los votos, sino el conflicto del agua que enrareció el clima social en las semanas recientes.
La campaña de oposición al acueducto Independencia que comenzó a derivar agua de la presa "El Novillo" a la ciudad de Hermosillo, pareciera ser una estrategia bien diseñada para minar el poder del PAN y preparar el regreso del PRI a la gubernatura para el año 2015.
Hay incluso ciertas semejanzas a lo ocurrido en 1975 cuando el entonces gobernador Carlos Armando Biebrich se vio obligado a renunciar ante la embestida de los círculos de poder del centro del país.
Por suerte estamos en otro México, en donde la división de poderes funciona mejor, como fue el caso del reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que avaló la operación del acueducto en tanto se dirimen otros juicios del mismo tema.
La acción de la Corte desarmó a los promotores de los bloqueos carreteros en donde se ha conjuntado una extraña alianza de productores adinerados del Valle del Yaqui con miembros de la tribu Yaqui.
Pero nadie se explica cómo es posible que los manifestantes lleven más de un mes paralizando carreteras en Sonora sin que ninguna autoridad federal, estatal o municipal los ponga en su lugar.
Estos radicales se dan el lujo de decidir -día a día- la estrategia a seguir en sus bloqueos como si la carretera federal fuera de su propiedad y sin importarles que la interrupción total o intermitente provoque pérdidas por decenas de millones de pesos.
De acuerdo a abogados especialistas la resolución de los juicios en la Corte demorará varios meses lo que supone que los manifestantes podrían extender sus acciones hasta que ocurra lo inevitable, esto es un enfrentamiento entre ciudadanos o contra autoridades con saldos impredecibles.
Quienes se empeñan en convertir este litigio legal por el agua en un conflicto social y político de trascendencia nacional parecen tener muy claras sus intenciones.
Lo inexplicable es que en México todos los días se ratifica en discursos la vigencia del estado de derecho, pero en los hechos se rompe con una facilidad asombrosa como ha ocurrido en el bloqueo de la autopista federal 15 a la altura de Vícam, Sonora.
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