Todavía existía el viejo Estadio Corona y la directiva del Santos, preocupada por los vetos con que se le castigaba por el mal comportamiento de seudoaficionados, mandó instalar una serie de cámaras que grababan lo que ocurría en la tribuna.
Incluso se pidió el apoyo de los aficionados para que denunciaran a quienes alteraran el orden, y la medida funcionó a grado tal que antes de abrir las puertas del nuevo Estadio Corona se estudió la conveniencia de eliminar alambrados.
La respuesta de la afición fue excelente y se decidió eliminar las molestas alambradas, lo que imitaron otros estadios, pero pasó el tiempo y hubo quejas de aficionados contra personas que molestaban en la tribuna y se atendieron algunas.
Tenía que venir, y de malas, Ricardo Ferreti, personaje de mecha muy corta, para que pusiera el dedo donde hacía daño, pues la provocación de una persona, el personaje de marras no sólo la generalizó sino que la denunció como una agresión orquestada por la directiva.
Consideramos que acusación tan grave no debe quedar impune, más si está acompañada de una amenaza cuando Santos visite el Volcán. El técnico de marras agravó las cosas diciendo que no se arrepiente. La directiva de Santos se disculpó de inmediato y castiga al autor del atentado, y la de Tigres ¿qué apá?.
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