Mural. El rostro de Paz quedará para siempre en una de las paredes de su colonia, gracias al mural.
A sus 100 años, María de la Paz Vaquera Rivera luce fuerte "como un roble". Hasta hace dos meses, se dedicaba a la venta de dulces y cigarros en el Parque Fundadores de Torreón. Una molestia en su rodilla y algunos mareos, fueron lo único que le impidieron seguir, aunque aún sube y baja con precaución las pronunciadas calles de la colonia Cerro de la Cruz de esta ciudad.
Ni las balaceras ni las persecuciones que se desataban entre soldados y maleantes casi a diario en su colonia, hicieron que doña Paz dejara su casa y mucho menos que la recorriera con su tina repleta de mercancía.
LA INMORTALIZAN
Gracias a las ganas de vivir que transmite con sus amenas pláticas, su fuerza y su alegría, han hecho de doña Paz un personaje inolvidable, tanto que fue "inmortalizada" en un mural que luce en la calle principal de esta colonia.
Efraín Gaytán, artista plástico, fue el encargado de trazar el rostro de esta bella mujer en una de las bardas del Cerro de la Cruz, acompañada por un joven.
El artista fue también el responsable de crear el mural que se elaboró en el Paseo Colón, como parte de los talleres que ofrece la Dirección Municipal de Prevención Social del Delito, para el "rescate" de los jóvenes de las calles.
Pese a que en la obra, doña Paz es la "artista", ella aún conserva su sencillez.
En la sala de espera del Centro Comunitario de la Colonia Cerro de la Cruz, Paz recuerda que su madre le decía que había nacido un 24 de enero de 1914, pero que fue registrada en 1922, por lo que para no entrar en detalles, dice que tiene 97 años de edad.
Fue madre de diez hijos, de los cuales sólo le sobreviven cinco, tres hombres y dos mujeres, y son justamente ellas quienes se han hecho cargo de su madre en las últimas décadas.
"Hijos tuve diez, uno detrás de otro, zas, zas se emborrachaba el viejo el domingo y pa' el lunes ya estaba el muchacho", dice entre risas pícaras.
Ahora vive sola. "Quedé viuda. En mi casa sola hago mi quehacer, lavo, barro trapeo, ya no me plancho, hago mi comida, como almuerzo, ceno y ya", dice orgullosa.
Es ahora una de sus hijas quien le ayuda con el gasto, pues hace dos meses dejó la venta de dulces y cigarros en el Parque, tras sufrir fuertes dolores en su rodilla izquierda, y algunos mareos; padecimientos que la llevaron a la consulta médica en el Centro Comunitario.
VIVIÓ PARA CONTARLO
Cuando el clima de violencia albergaba en el sector poniente de la ciudad, "Paz de Dios" como se autonombra, recuerda que tras visitar a una nieta, caminaba muy cerca de la cancha, cuando de pronto vio a varios sujetos correr muy asustados, ya que los "gendarmes (soldados) los iban persiguiendo", recuerda.
"Les dije: Qué pasó, y me dijeron, no se atraviese y se fueron corriendo", cuenta aún con gran emoción.
Como pudo, se metió a un porche de una casa "no sabía si estaba sola o estaría gente, quién sabe", en lo que terminaba la persecución, Paz se resguardó en ese lugar.
Confiada, después de algunos minutos, salió cuando vio a un grupo de jóvenes armados correr hacia ella, "yo nomás les decía: No tiren porque ahí voy, no, jefecita no tiramos, ándele, me decían", recuerda la mujer, quien "vivió para contarlo".
"Ya me andaba, Virgen Santísima de San Juan, que no tiren, Dios ayúdame, y así lo hizo".
Doña Paz, es una de las mujeres que en este mes de agosto, denominado "mes del adulto mayor", se festejará disfrutando su vida al máximo, recordando lo vivido y acumulando más historias para compartir.